Luis Javier

Luis Javier Zeballos Gatica

Entrevista realizada a Luis Javier Zeballos Gatica

A pesar de que el servicio militar obligatorio truncó el proyecto de vida en su juventud, Luis Javier Zeballos recuerda con cariño su formación militar y su paso por la Armada Argentina, lo que le enseñó y formó su carácter. Incluso hasta hoy piensa que sería una solución a los problemas de las nuevas generaciones y reniega que la historia de Malvinas no haya sido incorporada a la currícula de la educación argentina desde los primeros niveles. Igual que a muchos de sus compañeros, la guerra le dejó cargas que sigue llevando en una mochila figurativa que acomoda cuando es necesario. Y, como todos, aboga por no olvidar la causa de la recuperación de las Islas y perpetuar el relato de lo que sucedió para que nunca más haya un conflicto armado. Zeballos nació en San Luis y a principios de la década de 1980 estudiaba programación en sistemas en la facultad. Por ello había logrado una prórroga para ingresar al Ejército, pero cumplido el plazo, a sus 20 años, salió sorteado y en julio de 1981 se incorporó al Batallón de Infantería de Marina 3 en La Plata. "Para mí fue una enseñanza bárbara porque aprendí muchas cosas que hoy serían necesarias para la juventud. Eso me formó para poder salir a la vida", cuenta. Tras sus primeros meses de formación su nuevo destino fue Río Grande, en Tierra del Fuego, donde el 2 de abril de 1982, sorpresivamente, su superior le dijo que alistara sus cosas porque habían recuperado las Islas Malvinas y debían partir hacia allí. Eso se concretó el 8 de abril, cuando junto a su batallón abordaron la bodega desmantelada de un avión 'Fokker' rumbo al archipiélago. El 14 de junio, tras el cese al fuego, cayó prisionero de los ingleses tras haber cumplido misiones en Puerto Argentino, en Monte Tumbledown y en Puerto Calderón, en la isla Borbón, donde terminó su participación en el conflicto. De nuevo en Ensenada, el primer contacto con su familia fue con una hermana de su madre, que lo fue a buscar. Luego, en tren, regresó a su San Luis natal. "Fue duro para todos ese regreso sin bienvenida, ¿no? Acá me estaba esperando mi madre, que hoy no la tengo. Ella sufrió mucho, la madre argentina sufre mucho. Es doloroso, pero es así". Retomar su proyecto ya no fue posible. "Costó mucho porque había pegado muy fuerte el conflicto, costaba hasta estudiar. Pero tuve la suerte de que en diciembre mi madre hizo contactos, ya en democracia, e ingresé a trabajar al Gobierno de la provincia y ahí comencé un poco a vivir mi vida civil. Pero ése es otro capítulo ya", y recuerda con dolor no haber recibido contención psicológica de parte del Estado argentino. "Tuve a mucha gente, pero la contención fue familiar, de mi madre, mis hermanos, de toda la familia, que trató de orientarme. Yo tuve a alguien, pero hay muchos soldados que no". Al margen de sus palabras, el veterano no reniega de lo que pasó: "Son destinos de la vida. Hay que tomarlos así. Dios quiso ponerme en ese lugar y creo que es muy importante haber estado ahí en ese tiempo de mi vida. Me hubiese gustado seguir estudiando pero bueno, no puedo echarle la culpa a nada". "Nosotros habíamos jurado defender a la Patria y teníamos que estar, no tenías alternativas, y creo que fue una experiencia muy linda para nosotros. Más allá los altos y bajos". En sus reflexiones, Zeballos está seguro que aún habiendo estado en una misma trinchera, la experiencia de cada soldado fue distinta y cada uno carga con su peso. "Hay cosas que no te la vas a olvidar en tu vida. Cosas que sucedieron en el conflicto y a esa mochila la vamos a llevar siempre puesta, con todas las pertenencias, con otras que se van agregando. Hoy día tenemos muchos soldados con problemas psicológicos. Algunos pudieron salir y otros quedaron anclados en 1982, y son cosas que se van se van sumando a la bolsita de uno". Hace años que Zeballos abrazó la causa malvinizadora, se reunió con otros veteranos para hablar, desahogarse y organizarse, y ya recorrió varias provincias contando su historia a quien quiera escucharla. "Tratamos de inculcarle a la juventud que estudie, que nosotros éramos muy jóvenes pero aprendimos muchas cosas buenas de la vida más allá de la que nos inculcaron en nuestro hogar", sostiene, y anhela que "el ministerio de Educación tenga la materia de Malvinas" incorporada a la currícula. "El mensaje, como sea, esté escrito o no, es que vamos a seguir luchando por recuperar Malvinas, que sigamos defendiendo nuestros símbolos patrios y a la familia. la mía fue mi madre, pero la Patria es la madre de todos los argentinos". "El Estado nacional todavía sigue en deuda con el soldado argentino. Ése es un dolor y una cosa más que se agrega a la mochila. Tenemos sesenta y pico de años hoy día y han pasado 44 del conflicto, y creo que hay que darle un corte a eso", cerró.