Esteban Lázaro Vilela
Entrevista realizada a Esteban Lázaro Vilela
Aun estando en un puesto de courrier oficinista y en un barco de logística y salvamento, al cabo primero, Esteban Lázaro Vilela, igual lo alcanzó el horror de la guerra. En mayo de 1982, en una misión de rescate de unos pilotos que se habían eyectado mar adentro, un navío enemigo los atacó y ocho tripulantes, incluyendo a un amigo, murieron abatidos por un misil. A más de 40 años de ese suceso, el veterano recuerda con dolor ese pasaje de su historia y a la vez agradece a Dios haber podido continuar con su vida.
Vilela es oriundo de San Luis. En 1978, con 18 años, se incorporó a la Escuela de Mecánica de la Armada pensando en la carrera militar como un proyecto de vida y una salida laboral. Tras dos años de formación, a fines de 1979 sus superiores le dieron el puesto de courrier oficinista en el 'Aviso Alférez Sobral', un navío de 50 metros de largo por 10 metros de ancho anclado en Puerto Belgrano.
Embarcado como de costumbre, el 27 de marzo de 1982 el barco zarpó sin que la tripulación supiera su destino y, el 2 de abril, en Río Gallegos, Vilela se enteró de la recuperación de Malvinas en una reunión convocada por su comandante. "Fue toda una sorpresa", dice.
"Fue una madrugada en la que nos enteramos lo que pasaba. Quizás el comandante y los oficiales lo sabían, pero nosotros nos enteramos por la radio y ahí recién nuestro Comandante nos avisó que se habían tomado las Malvinas. Nosotros viajamos sin saber nada", recuerda.
"A nosotros nos tocó de Río Gallegos hasta Puerto Deseado. En ese tramo, cualquier cosa que ocurriera, que ocurrió, como esos dos pilotos que debíamos rescatar pero no pudimos encontrar, estuvimos trabajando en esa zona asignada", mencionó el veterano.
El 'Alférez Sobral' era un barco remolcador y en Malvinas se utilizó como buque de apoyo, de logística y a la vez de salvamento. Sus órdenes eran patrullar una zona marítima comprendida entre Río Gallegos y Puerto Deseado atento a cualquier situación que pudiera surgir.
El 1° de mayo, a la tripulación le fue encomendada hacer un operativo de búsqueda de dos pilotos de aviones 'Camberra' que habían tenido que eyectarse. No solo no los hallaron, sino que se toparon con un barco enemigo que los atacó. "Nos defendimos como pudimos, con lo que teníamos, no había otra. Y ése fue el momento en el que fallecieron ocho compañeros", recordó con pesar. "Era esperar la muerte en cualquier lado, porque en el mar no tenés dónde esconderte. En tierra podés meterte en una trinchera, pero en el agua hay que esperar lo que venga… Y el misil que vino entró por el puente".
Además de las bajas, el puente del barco fue destruido por un misil, se incendió y quedó dos días a la deriva con varias averías y sin comida a bordo. "La pasamos muy mal", dice Vilela, hasta que lograron llegar a Puerto Deseado. Allí lo encontró el final del conflicto.
"Con los años, para mí, veo que fue una guerra que se fue llevando improvisada. Todo se hizo improvisadamente para mí. Lo veo con los años, la aviación, la Marina. La potencia de ellos era muy grande, era imposible responderle a un destructor de ellos", confiesa, y cuenta que le dieron la baja en 1987 a raíz de haber perdido el 50% de la capacidad auditiva en el ataque al 'Alférez Sobral'.
Pero también se vio afectado en otro aspecto: una de las víctimas en el 'Aviso' fue un amigo de años durante su estadía en la Armada. "Es muy doloroso, muy grande esa mochila. Los que tuvimos que recoger el cuerpo de nuestro compañero. Es muy triste, muy doloroso, muy difícil. No te creas que solamente cuando llega esta fecha, siempre el veterano está con ellos".
"Todo lo que se hizo, se hizo en cumplimiento del deber, era un viaje de ida y no sabíamos si regresábamos. Cuando llegamos a rescatar a los pilotos que se habían eyectado no estaban y el agua era muy fría. No los encontramos. Lo que sí encontramos es la flota de los ingleses que ya los tenían localizados. A nosotros nos atacaron", relata.
Esteban regresó a su San Luis natal, se casó, tuvo cinco hijos y al momento de esta entrevista tiene 10 nietos. "Soy creyente, católico. Así que gracias a Dios salí adelante".
"Yo formé mi familia, costaron esos 10 años de olvido y uno escuchaba a los que hablaban mal. Formé mi familia, tengo cinco hijos y 10 nietos. Logré con el tiempo salir adelante", dice.
Ya en el cierre de su relato, el veterano reflexiona: "Yo creo que la guerra es la destrucción del hombre. Es una destrucción total. La malvinización tiene que seguir en las escuelas, en todo, en todo lugar y tiene que ser muy profunda. Y cuando llegue el 2 de abril, hay que recordar a los hombres que murieron por la causa. Tenemos que estar unidos, sea de la religión que sea, del color que fuere, cualquier persona, tenemos que estar unidos".
"Muchas veces no me gusta hablar porque te emociona mucho", dice pero cree que malvinizar es el camino para que las generaciones futuras busquen la forma diplomática de recuperar las Islas Malvinas "siempre por vía de la paz".