Héctor José Vaca
Entrevista realizada a Héctor José Vaca
Un breve tiempo no convierte a una vivencia en pasajera, o no siempre es sinónimo de levedad. Y quien puede dar prueba de ello es el veterano Héctor José Vaca. Estuvo dos días en Malvinas, el 13 y 14 de junio de 1982, pero cada uno de los sucesos que vivió fue intenso y memorable. Él fue parte de la tripulación del último vuelo de un 'Hércules' a las Islas y tuvo una misión, que logró realizar: llevar un cañón y municiones. Cumplió con ambas tareas, aunque solo las municiones fueron utilizadas en la defensa. "Quisieron hacer que nos olvidemos, pero quienes fuimos allá no podemos hacerlo", afirmó el veterano.
Héctor nació en San Salvador de Jujuy hace 74 años, pero vive en San Luis desde fines de 1998. "Fui suboficial del Ejército, y pienso que todo suboficial sueña con participar en una guerra. No estuve mucho tiempo, pero se me dio. Pasan los años, pero todos los años, desde el 2 de abril al 14 de junio, pienso en lo que podría haber pasado. Me pregunto '¿Y si esos cañonazos, en vez de 10 metros, hubieran caído acá?'", se interrogó señalando su ubicación.
Pero la guerra también trajo camaradería y solidaridad. "Yo ya me fui del Ejército, me llevé todos los buenos recuerdos y a los malos los dejé adentro. Cuando me puedo juntar con los soldados, que lo hacemos dos veces al año, recordamos, nos contamos cómo andamos en la vida, todos tienen su familia. La guerra ya quedó atrás, y hoy vivimos", expresó.
Esta es su filosofía de vida, que ha adoptado por una cuestión de salud mental. "A mi señora no le gusta que me acuerde tanto. Me dice: 'Vos pensas mucho en Malvinas'. Pero yo le digo que tuve la oportunidad de ir y que para mí, como soldado, fue bueno", manifestó el suboficial.
"El 13 de junio de 1982 salió una pieza (cañón), a las 2:30. Yo a las 10:00 estaba en el Aeropuerto de Comodoro Rivadavia para salir, y llegamos a Malvinas como a las 19:00. La otra pieza empezó a tirar. Y me mandaron a mí a cargar munición para la otra pieza que ya estaba en marcha, no a manejar el cañón que yo llevaba. Yo llegué de noche", explicó.
Después del 25 de mayo le confirmaron que iba a ir a la guerra. "Teníamos 18 cañones e iba a cruzar solo uno. Después fueron dos. Yo salí elegido y había 10 soldados. Yo les pregunté quién quería ir, y solo dos me dijeron que no. Tuve que elegir a dos más y me quedaba poco tiempo para prepararlos, hasta llegar a Comodoro, que es donde embarcábamos a Puerto Argentino", narró.
En su celular, Héctor tiene un fragmento de un documental que da cuenta de la hazaña que vivió en el 'Hércules', que hoy relata. "Nuestro vuelo no fue tranquilo, fue rasante al mar, para que no nos detectaran. El principal me llamó y me explicó en la cabina qué podía pasar. Me dijo: 'Ahora vamos a levantar vuelo, vas a ver que nos van a tirar de todos lados, ellos saben que viene este avión y que traemos un cañón; en caso que nos impacten, vamos a caer al mar y a la derecha se va a abrir una puerta, y del ala van a salir balsas'. Nunca había practicado eso. Me dijo: 'Vos explícale eso a tus soldados y volvé. Y una cosa más: si aterrizamos y escuchas que se apaga el motor, todos tienen que correr 200 o 300 metros, porque lo que ellos quieren es voltear el avión, que no vuelva a levantar vuelo'", contó.
"Yo me pregunté: '¿Qué les digo a mis soldados?'. A todo eso, ya estábamos levantando vuelo y vi como nos tiraban con todo. Me dijeron 'allá está el aeropuerto'. Para mí eran como las luces de las camionetas. 'Allá vamos a aterrizar, prepárate para bajar'. Pero el avión no bajaba. Me volvió a llamar y me explicó que no pudimos aterrizar. Me dijo: 'De pedo levantamos vuelo de nuevo. Acá vamos a ver si podemos aterrizar'. En la entrada al aeropuerto había explotado una bomba y había hecho un cráter, por eso no podía aterrizar. Tenía que hacerlo más allá, si no, íbamos a tener que volver al continente. Yo le dije: 'No, traigo mucha munición para los cañones'", recordó. Finalmente lograron aterrizar porque desde abajo, unos suboficiales, con rayos láser, dirigieron y marcaron la pista.
Muchas personas esperaban al 'Hércules'. Querían volver en esa nave. "Queríamos bajar el cañón y se apagó el motor del avión, así que corrimos, porque esa era la orden que nos habían dado. 'Si vuelve a arrancar el avión, regresen', nos dijeron. Y volvimos. Teníamos un cañón de 8 toneladas, que tira a 8 kilómetros, por eso lo llevaban. El problema es que en Malvinas había que ponerlo en el camino, porque la tierra es muy blanda, y se iba enterrando a medida que se disparaba", dijo.
"Tuvimos que ir a Puerto Argentino, llevar la munición allá. Era como a 200 metros. Empezamos a descargar munición y comenzaron a bombardear la pieza. Después volvimos y ahí llegó un cabo en comisión y me explicó que si sentía un ruido de determinado tipo, era porque venía un cañonazo y había que tirarse cuerpo a tierra", contó. En medio de esa explicación sintió un impacto, a 6 o 7 metros. Héctor y sus soldados se tiraron de lleno al piso. La muerte les estaba pisando los talones.
Por fortuna, no los alcanzó, pero la tuvieron, en las horas siguientes, muchas veces acechando. Le dieron la tarea de llevar munición a otros puntos donde la necesitaban, y lo hizo a pie, junto a sus soldados. "Estuvimos toda esa noche acarreando munición, hasta el otro día, cuando hubo un alto al fuego. Y de ahí nos juntamos con la otra pieza, que estaba en otro lado. Pero ya veíamos a los ingleses entrando por las calles. Venían soldados de la zona de combate y los mandaban al aeropuerto", narró. La rendición argentina ya se había concretado. Era 14 de junio.
"Recorrimos tres kilómetros, y en el camino te iban quitando el armamento, el casco. Un inglés se quedó con el puñal que me había regalado mi hermano. A mi anillo de casado no me lo sacaron porque lo había escondido en el birrete de la gorra. Seguimos caminando, llegamos al aeropuerto y había que esperar órdenes. Tuvimos que volver a Puerto Argentino a pie. Me tocó volver en el trasatlántico inglés 'Canberra'", refirió.
Héctor se considera afortunado, porque pudo volver a su hogar. "Como dicen, los héroes quedaron allá, en el cementerio de Darwin", dijo.
El año pasado, por primera vez, fue a una junta médica y lo entrevistaron una psicóloga y una psiquiatra. Esta última quiso saber por qué él no habla mucho sobre lo sucedido, y Héctor lo atribuye a su crianza, a su historia familiar, que incluye a un padre golpeador que murió cuando él tenía siete años y una mamá que falleció a sus 14 años. "Pero a veces nos hace bien contar lo que tenemos adentro. Si le hubiera hecho caso a mi señora y a mis amigos, no hubiera ido a la guerra. No figuraba en un rol de combate, pero iba todos los días a verlo al jefe y le decía que quería ir a Malvinas. Pero la guerra es fea. Hoy ves que se pelean los chicos en las escuelas, ves odio en la tele, y no me gusta. Pienso en mis hijos, en mis nietos, y lo que pido es que no haya guerra", cerró.