Domingo

Domingo Torino

Entrevista realizada a Domingo Torino

Cuando Domingo Antonio Torino cuenta su historia recuerda con cariño al Quines de los años 70. En ese entonces vivía con sus padres y tres hermanos en las afueras de la localidad. "Era zona de campo: no había radio, no había televisor, no había teléfono, no había luz. El progreso vino después". Acostumbrado a las tareas rurales, en 1977, con 18 años, el chofer de un colectivo que recorría pueblos del norte provincial lo convenció de inscribirse en la Armada Argentina para cumplir con el servicio militar obligatorio, y así se encaminó a participar de un hecho histórico: ver flamear la Bandera Argentina en las Islas Malvinas después de 149 años. En 1977, con 18 años, cumplió con los exámenes médicos y teóricos en San Luis y luego comenzó a formarse en la Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina (ESIM) ubicada en Punta Mogotes, en la zona de Mar del Plata. "Fue una sorpresa, era la primera vez que veía el mar, una ciudad, todo fue sorpresa. Pero bueno, tenía que adaptarme y permanecer. La formación que me tocó dura tres años y es muy estricta, muy severo el entrenamiento y las capacitaciones. Por suerte era una persona que estaba acostumbrada al campo, al trabajo rural, y me adapté al sistema rígido que había", recuerda. Como tanto otros infantes que estaban lejos de su hogar, el compañerismo y la camaradería fueron pilares para adaptarse a esa nueva vida, y tras concluir su formación, fue destinado a la Base Naval de Infantería de Marina 'Baterías' (BIMB) en Punta Alta, provincia de Buenos Aires, donde se especializó como conductor de vehículos anfibios. Para 1982, el veterano tenía el grado de cabo segundo y sus días transcurrían en prácticas y formación. "Era el segundo año en ese lugar y ya tenía bastante conocimiento de los vehículos. Cómo manejarlos, desembarcar. Hacíamos prácticas de desembarco en zonas parecidas a las costas de Malvinas. Habíamos estado practicando en Punta Alta, Puerto Madryn y diferentes partes". Justamente, tras una de esas prácticas en el sur del país sus superiores les ordenaron volver al batallón y preparar con insumos y equipamiento a 22 vehículos anfibios, sin saber para qué. "No nos dijeron nada, solo que teníamos que zarpar en dos días. Volvimos, cargamos munición, preparamos los vehículos con combustible y todo y zarpamos de nuevo en el buque 'Cabo San Antonio'. Una vez en viaje, ya embarcados, nos dan la orden de que teníamos que tomar Malvinas, recuperar las Malvinas". El 2 de abril de 1982, Torino y sus compañeros se levantaron a las 4 de la mañana. Desayunaron un mate cocido con un sánguche de mortadela y, dos horas más tarde, las compuertas delanteras del buque se abrieron para que los vehículos se adentraran en el mar. "Estando todos desembarcados nos dieron la orden, porque estábamos comunicados a través del casco, de poner todos los relojes a la misma hora". Luego, los vehículos formaron un círculo en el agua y, cuando estuvieron todos listos, enfilaron hacia una costa cercana a Puerto Argentino, la zona más poblada de la Isla y donde se encontraba la gobernación. El recibimiento fue cruento: la pista de aterrizaje estaba obstruida con tractores y camiones y las fuerzas ocupantes descargaron sobre ellos una ráfaga de balas, tanto así que uno de los vehículos recibió 97 impactos. Al introducirse en el edificio gubernamental, Argentina tuvo su primera baja, la del capitán de Fragata Pedro Edgardo Giachino. Cuando todo estuvo bajo control, Torino y sus compañeros fueron testigos de un hecho histórico: vieron izar la Bandera Argentina en el mástil de las Islas tras 149 años de ocupación extranjera. "Sentía mucho orgullo de haber participado y ser parte de lo que se había hecho, de recuperar Malvinas. Me acuerdo realmente que se abanderó todo, por todos lados había Banderas Argentinas", cuenta. "El objetivo de la Infantería Marina es tomar el nuevo objetivo y entregarlo. Nosotros lo entregamos al Ejército, que es la Fuerza más antigua. Estuvimos dos días en Malvinas y volvimos a puerto (en el continente). A la mitad nos designaron a Río Grande, donde está el aeropuerto, para custodiar a los aviones que despegarían de allí para ejecutar misiones en las Islas". "Estábamos en permanente en actividad, permanentemente en alerta", recuerda. Tras el cese del conflicto, el veterano regresó a la base de Punta Alta con un sabor amargo. "Lamentablemente no terminó bien, pero creo que nosotros hicimos lo que pudimos. Haber cumplido nuestro deber nos llena de satisfacción. Estuve en el lugar al que me mandaron, no lo elegí, me designaron, ahí estuve y di lo que pude de mí". Desde hace unos 10 años, Torino y otros veteranos de Quines, San Francisco y el paraje San Miguel organizan una vigilia cada 2 de abril, un acto de memoria que empezó reuniendo solo a familiares y del que hoy participan vecinos de varias localidades del norte de San Luis e incluso de la provincia de La Rioja. "A su vez también visitamos escuelas y aprovechamos para llevarles ropa, les regalamos remeras con las Islas Malvinas y les explicamos. Malvinizamos realmente, para los chicos especialmente. Para que quede en ellos la historia, ellos la van a llevar adelante. Vamos a decir que Malvinas es Argentina y que hubo gente que luchó allí y que tenemos héroes que quedaron en Malvinas, que dieron la vida por esa tierra". Sobre su legado, dice que le gustaría que fuera "para la familia y también para la sociedad. Para que todo el mundo sepa qué fue Malvinas, qué se hizo, que son y serán por siempre argentinas".