Cristina Susana

Cristina Susana Stojanov

Viuda de Carlos Omar Ortíz, Héroe de Malvinas

Entrevista realizada a Cristina Susana Stojanov, viuda de Carlos Omar Ortíz

La iglesia de Santa Rosa del Conlara es un lugar sumamente especial para Cristina Susana Stojanov. "Acá me casé con quien fue el amor de mi vida, el veterano de guerra Carlos Ortiz, que era nacido en esta localidad", refirió Cristina. Sus ojos claros brillan aún más cuando cuenta que su esposo recibió la máxima condecoración, la 'Cruz al Heroico Valor en Combate'. "Era enfermero. Salvó la vida del capitán Dovichi y levantó el cuerpo de uno de los primeros caídos en Malvinas, el capitán Castagnari. Cuando iba con la ambulancia, muchas veces se quedaba en los cráteres, con los cadáveres o socorriendo a los soldados", contó. La infancia de Ortiz estuvo profundamente marcada por la enfermedad de su madre, quien no pudo acompañarlo en todo momento durante su crecimiento. Por este motivo, "fue criado por sus hermanas", quienes asumieron un rol central en su formación y le transmitieron los valores que más tarde llevaría consigo a Malvinas. Esa ausencia materna, sin embargo, nunca fue olvido, si no una presencia constante en su vida. Tiempo después de los acontecimientos ocurridos en las Islas, Ortiz le contó a Stojanov que "cuando sucedió lo del capitán Dovichi, le pasó toda su vida por delante y que lo primero que se le apareció fue la imagen de su mamá", dejando en evidencia cómo ese vínculo, atravesado por la fragilidad y el amor, permaneció intacto incluso en los momentos más extremos. Cristina y Carlos trabajaban en la Fuerza Aérea, en la parte de Sanidad. En 1982, antes de que Carlos se fuera a la guerra, eran simplemente compañeros de trabajo. En aquella época, él era suboficial auxiliar, tenía 36 años y Cristina 21. Por su rango y por la diferencia de edad, ella tenía con él un trato muy formal. Su imagen le infundía gran respeto. Cristina trabajaba en el piso 11 y él en uno más arriba. Para poder verlo, ella iba a buscar café a la planta donde Carlos estaba: los 12 pocillos que llegó a tomarse en una jornada hablan del profundo interés que tenía en él. Cuando supo que se había ido a Malvinas, una compañera le sugirió que le escribiera una carta. Le escribió dos, en verdad, y le llegó una. En ella, Cristina le envió su medalla de bautismo. La respuesta trajo algo de alivio: Carlos le contó que dentro de todo estaba bien, y cerró la misiva con un 'La vida por la Patria'. En julio, Carlos regresó al país y, poco después, se tomó una licencia. El reencuentro, sin apuros ni urgencias, quedó pactado para septiembre de 1982, en un café elegido al azar, pero cargado de una expectativa que ambos comprendían en silencio. Sobre la mesa descansaban dos pocillos de café y flotaba en el aire una sensación tan familiar y cercana que parecía arrastrar consigo todos los recuerdos compartidos; lo único distinto, esta vez, era que ya no los separaba ningún piso. Allí, en ese espacio cotidiano y sencillo, Carlos le declaró su amor, sin grandilocuencias, como quien finalmente pone en palabras una certeza largamente pensada. A partir de ese encuentro, ya no volvieron a separarse, comenzaron una vida, hecha de rutinas, afectos y proyectos compartidos, que se mantuvo firme con el paso del tiempo y las dificultades. Permanecieron juntos hasta la muerte de él, en 2012. Aunque no vivían en San Luis eligieron casarse en la iglesia de Santa Rosa del Conlara, el 8 de abril de 1988. Tuvieron dos hijos. Ortiz no está más junto a ella, no comparten más cafés y no está para los cumpleaños de sus hijos, pero "desde donde está, Carlos me da fuerzas", comentó Cristina. "Malvinas es una causa que tengo muy adentro mío. Malvinas no es un 2 de abril, son los 365 días del año. Tenemos la suerte de tener veteranos vivos, y qué mejor que ellos mismos cuenten su historia", destacó Stojanov, valorizando aún más el papel de aquellos hombres y muchachos que fueron con un único motivo a las Islas: defender la Patria. "Detrás de cada veterano hay una familia, hay una esposa, hay hijos que tratamos de entenderlos. No es fácil, después que volvieron no fueron las mismas personas, no tuvieron ayuda psicológica, sin embargo, pusieron el pecho como patriotas", expresó con orgullo. Hace muchos años que Cristina corre la Maratón Héroes de Malvinas, y lo hace por los veteranos y también por ella misma. "Es un orgullo llevar la Bandera. Malvinas es una causa que nunca se tiene que perder. Por eso es importante que los veteranos den charlas en los colegios o donde sea, para que la gente sepa. Es nuestro territorio, es querer más a nuestra Patria, no sentir vergüenza de cantar el Himno. Tenemos un país y gente hermosa, y para ellos es un mimo. Se tiene que valorar a estos seres que dieron su vida", refirió.