Juan Antonio

Juan Antonio Sarufin

Entrevista realizada a Juan Antonio Sarufin

Juan Antonio Sarufín nació en Villa Mercedes el 20 de octubre de 1949. "Nací acá, sigo siendo de acá, obviamente, moriré acá", dice sobre su terruño. Tras terminar sus estudios en la Escuela Industrial, sus padres lo incentivaron para que inicie la carrera militar. "Había pocas posibilidades de trabajo y nos decían 'tus opciones son estas: banco (que había que estudiar en ese momento para ser perito mercantil o no sé qué otras materias), municipalidad, V Brigada Aérea o Fuerza Aérea'. Así que me pidieron que fuera a la Fuerza Aérea y fui, a estudiar para militar a Buenos Aires. De allá vine egresado de cabo y mi primer destino fue la V Brigada Aérea. Siempre trabajé con aviones o en contacto con aviones". Tras pasar 12 años en la base de Villa Reynolds, San Luis, logró un pase a la VI Brigada Aérea, en Tandil, provincia de Buenos Aires, a donde habían llegado aviones 'Dagger', "que eran una novedad y a mí me interesaba". Las aeronaves tenían tecnología israelí y su armamento había sido modificado, por lo que le tocó trabajar con personal especializado e instruido en Israel. "No me sentí cómodo porque no estaba a la altura de todos. Entonces, si bien trabajé y estuve dos años y pico, me quería volver a Villa Mercedes", recuerda. Por entonces tenía 26 años, era soltero y sus superiores le negaban el pase de regreso. Pero tuvo una idea: sabía que, si participaba en una campaña antártica de un año, al regresar el sistema le daba la opción de pase preferencial, y podría volver a suelo mercedino. Tardó dos años en estar entre los 60 seleccionados para el viaje, con arduos exámenes psicofísicos, preparaciones de aptitud y una operación obligatoria de apéndice para embarcarse. Al llegar fue "como todas las cosas, los primeros tres meses son una adaptación en las cuales uno no sabe qué hacer: si volverse, quedarse. Pero con el tiempo uno se va adaptando y acostumbrando… conocí algo nuevo, algo que muy pocas personas tienen la posibilidad de conocer. Esos paisajes", recuerda. Finalmente, esa fue su única recompensa, porque al regresar no admitieron su pedido y lo regresaron a Tandil. "Objetivo no cumplido, así que fui de vacaciones a Villa Mercedes y volví otra vez a la VI Brigada", contó. Fue en una de esas visitas a su ciudad que se enteró, en abril de 1982, de la recuperación de las Islas. Tras ser convocado para participar del conflicto, después de varias semanas de espera, el 8 de mayo fue embarcado en un avión 'Hércules' que realizó un peligroso vuelo nocturno, rasante al mar, para llegar a Malvinas sin ser detectado. Irónicamente, su función era reemplazar a un soldado abatido que él había conocido en la V Brigada Aérea. Apenas pisó las Islas, por los parlantes del aeropuerto de Puerto Argentino decretaron una alerta roja. "Nosotros ni idea de qué eran las alertas rojas; todos disparaban a refugiarse a su búnker, a lugares seguros y yo, como no sabía, corrí siguiendo a las otras personas. Pisábamos cosas que había en la pista y no sabíamos qué era, hasta que un suboficial mayor retirado, ya fallecido, me encontró y dijo 'chango, vení conmigo'", y lo guio a su nuevo puesto. Allí le contó que eso que pisaba en la pista eran bombas de racimo que no estallaron de milagro. Sarufín fue designado a operar la usina que mantenía el aeropuerto iluminado. Otra vez en su carrera, trabajando con aviones. Quedó encargado del correcto funcionamiento de los generadores y las instalaciones eléctricas. Evitando balas en una ocasión en la que no pudo refugiarse, atendiendo un incendio en la usina, reparando luces de la pista e incluso salvándose de un proyectil que no detonó, los días pasaron hasta que, el 14 de junio, cayó prisionero del enemigo en el aeropuerto, donde permaneció tres días. "No sé porqué alguien inventó que estábamos enfermos, ni sé qué tipo de enfermedad, pero nos sacaron a todos y volví en el buque 'Bahía Paraíso'. Yo no tenía nada, no sé por qué… fue una forma de sacarnos de allí", contó el veterano. Tras el esperado reencuentro con su familia, a Juan no le quedó otra opción que volver a la VI Brigada Aérea. Pasaron unos meses, pero la sensación de incomodidad y el temor de que eso lo llevara a cometer un error en su trabajo, hicieron que en 1984 pidiera la baja. "Así que me vine otra vez a mis pagos". Sus especialidades y conocimientos eran otros, así que, de regreso a la vida civil, debió adaptarse para conseguir trabajo. Y lo hizo, en una empresa, como electricista, aunque luego emprendió su propia empresa de impresiones. Después de la guerra, la orden fue que no se hablara del conflicto, y aunque no hubo un contrato tácito, el silencio reinó por años. Otros veteranos de Villa Mercedes lo invitaron en varias ocasiones a acudir a la reunión de la asociación, hasta que un día se decidió. El paracaidista y también veterano Eduardo Guzmán "me llevó, me presentó, y empecé a hablar con los muchachos". Luego, su primera charla malvinizadora fue en una escuela de Batavia. "Estaba nervioso, era muchísima gente, un salón lleno, creo que no fue bueno. Pero a partir de ahí empecé a dar charlas en las que hablo sobre lo que hice específicamente en Malvinas. No cuento otra cosa salvo que me pregunten los chicos"; "Cada uno tuvo su vivencia en Malvinas. Yo cuento la mía, no la de mi compañero. Él cuenta la suya y así vamos tres o cuatro, devolviendo a la sociedad lo que ellos hicieron por nosotros, porque en su momento se despojaron de joyas y demás, quizás algunas llegaron y otras no sé dónde están, pero de una manera queremos devolverle a la sociedad eso", reflexionó. El legado, dice, es recordar a los héroes del ARA 'General Belgrano', "a los que murieron en el mar o los que están en el cementerio de Malvinas". "Por otro lado, siempre digo: las guerras no son buenas, no sirven, no tienen sentido, son una pérdida económica, de vidas, de materiales. Tratemos de solucionarlo por vías diplomáticas. Nosotros lo único que hicimos fue cumplir órdenes, estaba preparado para eso", cerró.