Carlos Alberto Sager
Entrevista realizada a Carlos Alberto Sager
Santafesino, de un pueblito de campo. Así se presenta Carlos Alberto Sager, quien a los 16 años ingresó a la Armada Argentina, "por vocación", asegura, para enseguida aclarar que tuvo "la suerte y el honor de ir a defender a la Patria en el destructor ARA 'Bouchard', uno de los escoltas del crucero General Belgrano".
Su trabajo era estar siempre atento para reparar todo lo que hiciera falta en el buque. "Soy técnico electrónico capacitado en sonar, arreglaba todos los equipos de a bordo", describe.
Sager, si bien nació en Santa Fe, hace 37 años que vive en San Luis, "o sea que me considero un puntano más, mi señora era de Villa Mercedes entonces tengo la suerte de vivir en esta hermosa provincia que gracias a Dios a los veteranos nos tienen en consideración tanto la parte gubernamental como la ciudadanía", elogia sin retaceos.
Como tantos otros marinos, Carlos salió con el ARA 'Bouchar' de la base naval Puerto Belgrano en una navegación a modo de ejercicio. "En la mitad de la navegación el comandante ordena formación general en cubierta y ahí nos enteramos de que la misión no era un ejercicio sino era algo real. Íbamos a recuperar las Islas Malvinas", cuenta y todavía en parte se estremece.
"Se hizo una misa en la parte del hangar y se destaparon todos los cañones. Así nos enteramos. O sea, nadie sabía nada, no tuvimos tiempo de decirle nada a nadie. Era necesario para que no se desparrame la información. Así que no tuvimos tiempo de avisarle a la familia, nada", reconoce.
La primera reacción fue de emoción: "Vos te imaginás que yo a los 16 a ingresé a la Armada para defender a la Patria, entonces me tocaba hacer lo que yo había estudiado, o me había preparado. Cuando fui a Malvinas tenía 24 años, cumplí los años allá, el 18 de mayo, y ya tenía jerarquía o sea que para mí era un honor", dice.
De todas maneras, es muy consciente de que "la guerra no es buena para nadie, cuando voy a las escuelas, a la televisión, a la universidad, lo primero que aclaro es que la guerra no sirve para nada. Ya estamos en una edad donde las cosas tienen que ser pacíficas", asegura.
Cree que "había que hacer una movida bélica porque se cumplían 150 años de la usurpación. Ahora ya pasaron 44 años, tenemos 110 años más para seguir la vía judicial. Y hay muchas cosas para decir, porque hay que ver cómo se trató a nivel política. Hubo situaciones, pero no es que no estábamos preparados, todo soldado que fue a Malvinas estaba preparado para el combate, en el manejo de armas, para todo. Lo que se complicó es que cuando llevás un regimiento de infantería, marina, ejército, lo que sea, necesitás por tantos hombres, tantas cocinas. Y a Malvinas se pudieron pasar tres cocinas. Y quedaron también cañones y cosas en el Cabo San Antonio, que no se pudieron desembarcar".
Las condiciones eran muy distintas cuando volvió en 2015, en uno de los viajes organizados por el Gobierno de San Luis. "Antes los caminos eran de tierra, ahora está todo asfaltado. Por entonces no había leña, entonces se calentaba la cocina de campaña, que son las mismas que se usan los 25 de mayo, los 9 de julio para hacer chocolate, con la turba, que es como la jarilla de San Luis, ramas gruesas que vos las tenés que cortar en panes y dejar secar", describe con precisión.
Sobre la rutina diaria, dice que "la experiencia del tiempo fue complicada porque había momentos en que no podías ni descansar, ni comer. Estábamos preparados para eso, estábamos en combate".
Ni siquiera el regreso fue fácil, todo lo contrario. "Voy a contar la experiencia mía, pero a la mayoría le pasó lo mismo. Nosotros volvimos después de que rescatamos a los náufragos del 'Belgrano', los dejamos en Ushuaia, volvimos a la base naval Puerto Belgrano y nos tuvieron encerrados. No podíamos salir, en el cuartel base no podíamos salir a la vida civil. Nos dieron un distintivo y te lo tenías que sacar porque te cargaban tus propios compañeros, te decían 'por culpa de ustedes perdimos'. Fue bravísimo".
En cuanto a la familia, Carlos estaba viviendo en Buenos Aires y el primer reencuentro fue con su mamá. "Cuando me entraron a preguntar, solamente dije volví, estoy vivo, acá estoy".
Sobre el legado que quiere dejar a las nuevas generaciones, vuelve sobre su obsesión: "La guerra no sirve para nada, les digo a los chicos en la escuela: 'ustedes se pelean por una goma, por esto, por lo otro. No, tienen que cambiar esa ideología y ser amables, compañeros'. No sabés lo difícil que es estar en combate, te das vuelta y un compañero quedó en la turba. Es muy doloroso, así que el consejo que dejo es que nosotros cumplimos, ahora les toca a ustedes por la vía judicial recuperarlas".
Sobre el 2 de abril, asegura que "es complicadísimo para un veterano de guerra. Primero el veterano de guerra no te va a contar de lo que vivió, te va a contar el 20%, 30%. El 2 de abril es complicadísimo, primero por la edad. no todos son jovencitos como yo y están bien, hay muchos que están con problemas de salud, complicados. El veterano de guerra no es que festeja o conmemora, lamentablemente por eso a las escuelas no pueden ir muchos compañeros, porque se ponen a hablar y se cortan. El 2 de abril el veterano de guerra revive todo, se acuerda hasta de lo que hizo y lo que no hizo y se te paran los pelitos de la piel, te volvés a emocionar y lo primero que se te viene a la mente es si tengo que volver, vuelvo".