Luis Alfredo

Luis Alfredo Romero

Entrevista realizada a Luis Alfredo Romero

Sesenta y cuatro días. Ése fue el tiempo que Luis Alfredo Romero estuvo en las Islas Malvinas, combatiendo con la pasión que la juventud le pone a sus ideales. Era parte del grupo de Artillería 3, con asiento en Paso de los Libres, Corrientes, un regimiento que dio que hablar porque dejó escenas de mucho heroísmo. "Fuimos con tres baterías de seis piezas cada una. Yo era mecánico de una de ellas. Mi misión fue mantener operacionalmente las piezas de la batería durante toda la guerra, que no se trabe una munición. Ante cualquier desperfecto que hubiera, a la hora que fuera, el mecánico tenía que estar a disposición de los artilleros", explica con detallismo y orgullo por haber cumplido con la misión encomendada. Luis bucea en sus recuerdos y encuentra allí imágenes de lo ocurrido hace 44 años, sobre todo dos situaciones difíciles que vivió en la guerra. "Mientras operaba y limpiaba una pieza, vi que un 'Harrier' que estaba enfrente mío me tiró una ráfaga que me pasó a dos metros. La otra fue el 10 de junio, cuando tuvimos un fuego de contrabatería, que es cuando se tiran mutuamente las dos artillerías. Duró como media hora. Caían (los proyectiles) a cinco, seis, ocho metros", dijo, y aseguró que "Dios ese día me iluminó, y gracias él puedo estar malvinizando, contando mi historia". Cuando volvió de la contienda bélica, fue abrazado literal y simbólicamente por su familia. "En Paso de los Libres estaban esperándome mi mamá y mi papá. La contención de la familia es lo primordial, el estrés postraumático llevó a muchos suicidios", lamenta, conocedor de muchas historias tristes de la posguerra que no salen a la luz, pero duelen mucho, sobre todo a los veteranos que lograron sortearlas con éxito. Para Luis, ese acompañamiento fue y es central para continuar la vida y tratar de reconstruir lo que quedó dañado, porque es cierto que nadie sale indemne del todo de un conflicto bélico. En contraposición, dice, la desidia y el abandono de parte del Estado que padecieron los veteranos fueron muy grandes. "Hoy puedo decir que el Estado nacional y los gobernantes nos apoyan mucho a los veteranos. Cambió mucho la sociedad, ahora la gente nos reconoce más", asegura con cierto alivio, aunque no olvida los pesares de los primeros años, cuando la derrota pesaba mucho y la sociedad prefirió bajar un telón e intentar el olvido en lugar de abrazar a los jóvenes que habían dejado todo por la Patria. Volviendo al campo de batalla, Luis reconoció que en "ese momento lo único que quiere un combatiente es cumplir su misión. No hay otra cosa en que vos estés pensando, Es cumplir con la misión, con tirar la artillería", y prosigue: "Estás permanentemente pensando que todo salga bien, que salga el disparo y que la artillería cumpla con su misión". En su memoria guarda los detalles de esas situaciones, lo que le permite evocar que el 80% de los tiros de artillería se realizaron durante la noche. "Cada 2 de abril me siento más y más orgulloso. Orgulloso de haber ido a Malvinas, orgulloso de haber combatido por mi Patria, por mi Bandera, por mi Escarapela, de dar mi vida por la Patria. Nosotros cuando vemos una Bandera Argentina, una Escarapela, siempre pensamos en dar la vida por la Patria, no hay otro pensamiento en un militar", menciona. Sin dudas, Malvinas lo transformó. "Con 22 años aprendés de golpe, creces de golpe, no podés pensar igual (que antes)", asegura Luis, quien hace unos años encontró en el newcom (vóley adaptado) una forma de conjurar los dolores de la guerra, de alimentar la vitalidad y de malvinizar. "Gracias al deporte estoy aquí, lo vivo con pasión. Mis compañeros me dan vida para seguir haciendo este deporte tan lindo", cuenta Luis, quien encontró en esta actividad otra manera de tener bien alta la celeste y blanca ya que fue convocado para integrar la Selección nacional. En octubre pasado, su equipo 'San Luis Newcom' se coronó campeón sudamericano en San Pablo, Brasil. Luis sigue defendiendo los colores patrios con mucha emoción, ahora lejos de las baterías antiaéreas y los misiles, lo hace con una pelota en la mano y con la cancha como campo de batalla. El deporte le regaló otra familia, nuevas oportunidades para viajar y hacer muchos amigos. "Por supuesto que lo primordial es la familia. La contención de la familia es lo número uno para cualquier veterano de guerra", señala, al mismo tiempo que enfatiza el rol sustancial del entorno para hacer frente al estrés postraumático con el que vive cada uno de los veteranos. Luis confiesa que el mayor legado que se le puede dejar a las nuevas generaciones es la malvinización, y advirtió que sería una lástima volver a tiempos de desmalvinización, que ya se vivieron y fueron muy dolorosos, sobre todo para los que derramaron su sangre en las Islas. "Que sigan las escuelas, que los chicos sigan pensando en nosotros, que nos escuchen, eso es importante", cierra con la convicción de que ése es el camino para no olvidar, para rescatar a los héroes y para seguir luchando por la recuperación de las Islas, pero esta vez a través del diálogo y la negociación.