Carlos Leonidas Regalini
Entrevista realizada a Carlos Leonidas Regalini
El teniente coronel retirado Carlos Leónidas Regalini dedicó casi toda su vida a la carrera militar y al servicio de la Patria. No fue fortuito, pero tuvo dos oportunidades de que su proyecto de vida fuera otro. Durante la Guerra de Malvinas, el veterano estuvo al frente de un moderno sistema de misiles. En una de sus intervenciones derribó a un avión enemigo, y más allá de la rivalidad entre naciones, pasó décadas escribiéndose con el soldado británico que lo piloteaba, y que logró salvar su vida.
Regalini nació en Formosa, y tras cursar sus estudios primarios, "como era costumbre en la época", se inscribió en el Liceo Militar General Belgrano en Santa Fe, a más de 600 kilómetros de su hogar.
Poco antes de cumplir 12 años, fue seleccionado entre 1.500 postulantes para 200 vacantes.
Un amigo que se anotó con él no logró ingresar, y eso hizo que la distancia de su familia le pesara mucho más. Su madre le recomendó terminar el año y regresar, "pero al finalizar el primer año, con la camaradería, los amigos que me invitaban a sus casas los fines de semana, me fui entusiasmando, me quedé y terminé los cinco años del secundario".
Al concluir esa etapa, Carlos se sometió a un test psicopedagógico para saber qué profesión podía seguir. La prueba arrojó que tenía aptitud para arquitectura, ingeniería civil y psicología, porque el "tema de los sueños y demás sí me interesaba". Por otra parte, un compañero que tenía vocación le insistía para que siguiera la carrera militar. Cuando Regalini se lo consultó a un miembro del gabinete psicopedagógico la respuesta fue contundente: "Vos para militar, no. Y ahí me dio más interés", recuerda.
Tras recibir el sable de egreso de manos del entonces presidente Juan Domingo Perón, en el Teatro Colón, en diciembre de 1973, Regalini sacrificó su viaje de egresados a Brasil para prepararse y luego ingresar a la Armada Argentina. "Inicialmente, como le decía, no tuve la vocación, pero después estuve contento de haber hecho esa elección".
Su primer destino fue la Escuela de Artillería en Campo de Mayo, pero durante toda su carrera vivió en Santa Fe, Entre Ríos, Tucumán, Mar del Plata, Jujuy y finalmente San Luis, donde se retiró y eligió quedarse. "Pedí el retiro voluntario porque tuve una oferta privada, pero más allá de eso estaba un poco cansado con los pases. Mis dos hijas también. Sufrieron todos los cambios de destino, las mudanzas y demás. Me retiré en el año 97, y acá estamos. San Luis fue el lugar, por lejos, donde más viví en mi vida".
En el transcurso de su carrera fue seleccionado para hacer un curso en Alemania y Francia, "sobre un sistema de armas de misilísticos que se llamaba Sistema de Armas Roland" que Argentina acababa de comprar y "de los más modernos que había en el mundo".
Por ese entonces estaba destinado al Grupo de Artillería Mixto 602 de Mar del Plata, como jefe de la batería de misiles Roland y Tigger Cat. No recuerda exactamente cómo se enteró de la toma de las Islas, si por radio o en el regimiento, pero el 2 de abril de 1982 lo encontró allí. "Como a todo el mundo, me sorprendió la Operación 'Rosario', creo que muy pocos altos mandos sabían del tema".
Al día siguiente él y su personal comenzaron a preparar el viaje al archipiélago, a donde arribaron en avión el 14 de abril. Su misión fue custodiar el aeropuerto de Puerto Argentino, pero al ser un blanco prioritario para el ejército enemigo, debía cambiar de lugar constantemente. "Todas las noches éramos bombardeados por los cañones". "El suelo no era apto para andar moviéndose. Cuando se disparaba, el misil era visible por todo el mundo y sabían de dónde salía, entonces hice siete cambios de posición en todo el conflicto; se tiraron seis misiles", precisó.
Uno de ellos, en un atípico día soleado, la tarde del 1º de junio, partió en dos a un avión de combate británico 'Harrier', aunque el piloto logró eyectarse segundos antes del impacto. Desde su posición, Regalini vio caer el paracaídas naranja en el mar, a unos cinco kilómetros de la costa. "Todos nos alegramos de haber bajado un avión, pero humanitariamente, ver al piloto, que es un soldado, sabiendo que no podría sobrevivir más de 45 minutos en el agua gélida pese a sus trajes" lo desesperó e intentó por todos los medios que lo fueran a rescatar. "Maldije a medio mundo porque no podía entender que nos quedáramos quietos. De no poder hacer nada", recordó.
Tras el cese al fuego, el veterano pasó 33 días prisionero del enemigo. A bordo de un ferry, en esos días entabló relación con un capitán de inteligencia naval inglés que hablaba español. Como parte de las pláticas diarias, le confesó la angustia que le había generado la muerte de ese piloto, pero para su sorpresa, días después el oficial le dio la noticia de que Ian 'Morts' Mortimer había sido rescatado por un submarino y gozaba de buena salud.
"Fue una buena noticia, y se ve que después esto trascendió allá y Mortimer, por un contacto con un militar de Estados Unidos, me contactó diciendo que se había enterado de mi preocupación, de mi frustración y que me invitaba a Londres", contó Carlos, quizá como una de sus anécdotas más representativas. El viaje finalmente no se concretó pero ambos pasaron décadas intercambiando cartas y mails.
Como otros veteranos, el teniente coronel retirado concuerda en el buen trato y el respeto que recibieron de parte del enemigo durante el cautiverio. "Realmente era sorprendente. Más allá de que es tu enemigo bélico y demás, pero el respeto y el trato que tuvieron fue increíble", sostiene.
Regalini celebra que el silencio sobre lo que sucedió se haya revertido y en los últimos años haya surgido una corriente malvinizadora. "Me gusta lo que está pasando, que esta gesta sea positiva, que sea ejemplo para los jóvenes y que se acuerden de que hay muchos compatriotas que dejaron su vida, su salud, por la Patria. No hace falta ser soldado para aportar cosas a la Patria. El soldado jura defender la Bandera hasta perder la vida, que es un extremo, pero el resto de los ciudadanos, estudiando, trabajando, siendo honrado, buen hijo, buen padre, o buen hermano también están haciendo cosas por la Patria y por el bienestar de sus hermanos", pronuncia como una expresión de lo que le gustaría fuera su legado.