Ernesto

Ernesto Raffaini

Entrevista realizada a Ernesto Raffaini

Si bien vive actualmente en Merlo, la voz de Ernesto Raffaini se inunda de orgullo cuando cuenta que, proporcionalmente, su terruño, Santa Rosa del Conlara, es la localidad de San Luis en la que nacieron la mayor cantidad de combatientes que fueron a Malvinas. Ernesto era piloto de la Fuerza Aérea y voló el 'A-4B Skyhawk' (Halcón del Cielo), de la dotación de la V Brigada Aérea de Villa Reynolds. "Estaba de jefe de turno en la V Brigada cuando fui a controlar los papeles, los mensajes que llegaban. Los oficiales que habían estado despiertos toda la noche me dijeron que habían tomado Malvinas. Le di la noticia al jefe de la Brigada y para él fue una novedad, para todos fue una sorpresa. La V Brigada tenía dos escuadrones, el primero desplegó el 14 o 15 de abril. Y el segundo, el nuestro, el 1° de mayo, cuando se produjo el ataque en Malvinas", evocó. La recuperación de Malvinas, en efecto, era "un anhelo de todos". Ernesto, de 71 años, recorre por unos segundos los laberintos de su memoria para recordar cuál fue el momento más difícil que le tocó afrontar en los 45 días que vivió la guerra. "Hubo varios, pero sobre todo, cuando ya nos avisaban del radar en Río Gallegos de la caída de cuatro aviones que habían salido. De la primera misión que hizo mi escuadrón cuatro cayeron. Caía un piloto pero quedaban viudas y huérfanos. Esos momentos eran muy tristes", aseveró. Esa fecha tan imborrable como dolorosa, el 12 de mayo de 1982, cuando perdieron a los cuatro primeros compañeros. Al momento de subirse a un avión, Ernesto trataba de apartar los temores para concentrarse en las acciones necesarias para despegar, mantener la nave en el aire y aterrizar en perfectas condiciones. Dijo que normalmente hay muchos controles, muchas tareas que desarrollar en la cabina de un avión de combate, un espacio muy estrecho, y que hay muchas cosas a las que hay que prestar atención para realizar todas las operaciones. "En ese momento prima el profesionalismo de poder decir 'tengo que hacer bien todo el chequeo', todo lo que implica poder hacer el vuelo", dijo. Pero admitió: "El momento más complicado es cuando a uno le dicen 'tenés que salir a hacer el vuelo', lo que implica colocarse el traje de neoprene y saber que hay que salir a volar y confiar en que ese único motor que tiene el avión no se plante. Y, si se llega a detener, poder dar la posición para que alguien pueda salir a rescatar". Sin dudas, Ernesto reconoce que la experiencia de Malvinas lo transformó, por su crudeza. "Son vivencias duras. Creo que el bagaje que uno tiene en esos momentos tan críticos, tan aciagos, a todos nos marca profesionalmente y en la vida particular", manifestó. Para Ernesto, toda guerra implica cosas muy duras, muy tristes, y la define desde lo que vivió en Malvinas. "Es una entrega a la Patria, a lo que uno juró defender. Eso era lo que primaba en los pilotos. Algunos eran muy jovencitos, con poca experiencia, y uno veía el coraje con el que salían a volar, con el deseo de cumplir con la misión que le ordenaban hacer. Pero Malvinas se lo merece, el país se lo merece", expresó. El legado que quiere dejar como veterano es que las generaciones que vienen valoren sobre todo a los que quedaron en Malvinas y que lo vean como algo positivo. "Hubo personas que tuvieron vocación de servicio, amor a la Patria, y sus vuelos fueron por eso. Creo que ese es el legado que uno puede dejar para los nietos, para los que nos tienen que reemplazar", cerró.