José Mario

José Mario Panzitta

Entrevista realizada a José Mario Panzitta

José Mario Panzitta es la segunda generación de inmigrantes italianos y libaneses. Nació en Río Cuarto, Córdoba, en 1960. Con 18 años, mientras cursaba el primer año de Ciencias Económicas en su ciudad natal, salió sorteado para realizar el servicio militar obligatorio, en 1979. "Cuando salí de la segunda revisión médica había oficiales y suboficiales de la brigada de paracaidistas que estaban anotando para ver quién quería ser voluntario. Y me anoté de voluntario en paracaidismo. Unos tíos me dijeron: 'te podés quedar acá en Río Cuarto, en Holmberg o en Las Higueras'", recuerda. "No es paracaidista quién quiere sino quién puede. Me empezó a gustar y mi jefe de compañía, el teniente Roberto Remi Sosa, que muere durante la Guerra de Malvinas en un helicóptero en Caleta Olivia, me dio los papeles del colegio y empecé a estudiar durante el día como soldado y a la noche para rendir" e ingresar al Colegio Militar de la Nación en Palomar, Buenos Aires. Allí lo asignaron al área de Intendencia, "una parte orgánica del Ejército Argentino que se encarga de la logística. Trabaja con el tema víveres, que son los efectos clase 1, los efectos clase 2 y 4 son vestuario y equipo, y los efectos clase 3 es combustible. A mí me tocó desempeñar el efecto clase 1, que es racionamiento, una parte muy difícil dentro de la complejidad del combate". En 1982, siendo cadete de último año e incluso dando instrucciones a soldados más nuevos, se enteró, dos días después de la recuperación de Malvinas el 2 de abril, que él y sus compañeros iban a egresar en horas. "Nadie podía creerlo, nosotros, incrédulos de esa noticia, que egresamos por el tema Malvinas, y efectivamente después de bañarnos, antes de ir al comedor, nos citan al hall central y nos dicen que vamos a egresar como subtenientes en comisión. Es decir que pasamos de ser cadete a ser oficial, a tener mando en muy pocas horas, en muy poco tiempo". "El día 6 nos dieron armamento, el bulto donde uno lleva la frazada, el paño de carpa y una pistola 9 milímetros con cargadores" y el 7 los formaron en el Patio de Honor, donde, vestidos con un uniforme de combate, les colocaron la estrella que los convertía formalmente en subtenientes en comisión. Horas más tarde abordó un avión 'Hércules' hacia su destino asignado: el Batallón Logístico 9 con asiento en Comodoro Rivadavia. Su función allí era abastecer de comida a las tropas y luego contabilizar, organizar, cargar y trasladar comida a Malvinas para quienes estaban en el frente, siempre bajo la potencial amenaza de ser derribados en cualquiera de los vuelos. "La carga del armamento, la carga del trabajo, va gobernado por las tripas, se dice normalmente. También que las puntas de las bayonetas solo llegan hasta donde los abastecimientos se lo permiten. Cotidianamente, siempre lo digo en alguna charla, es como si vos querés hacer un asado en tu casa. Primero tenés que contar cuántos son, después comprar los elementos, la carne, el pan, la ensalada, los platos. Tenés que tener todo. Y en el caso nuestro la logística, a mi entender, y yo era un joven subteniente de 21 años, la logística falló porque no teníamos las estructuras. Por incapacidad de transporte, por la distribución de la comida, por las condiciones climáticas. Falló por descoordinación. Uno es crítico, pero para que el día de mañana no pasen esas cosas nuevamente", opina Panzitta, y lo hace con el pesar de saber que muchos soldados pasaron hambre, que a la mayoría nunca le llegó el pan o una comida caliente; que hubo suministros esenciales que llegaron cuando terminó el conflicto, que no había cómo transportar leña para calentarse en las Islas. "Convengamos en que creo que fue la última guerra convencional, en un lugar árido, con piedra, mucho frío y neblina, atípico. Combatieron con todo lo que tenían, con todo lo que pudieron. Y sí, hubo gente que habrá pasado hambre, que debe haber pasado hambre", dice resignado, sabiendo que hizo todo al alcance de sus manos y su función. "Soy un veterano de guerra, como siempre digo, híbrido: no estuve permanente en Malvinas ni estuve permanente en el continente. El final de la guerra me agarró en Comodoro Rivadavia con mucha decepción, mucha amargura". Tras la Guerra del Atlántico Sur, Panzitta fue asignado a varios destinos antes de solicitar la baja, entre ellos en el Grupo de Artillería Antiaéreo 161 (GADA), en San Luis, donde se casó en 1986 y formó una familia. Con algunos malos recuerdos de lo que fue la posguerra, el veterano decidió pasar a la parte privada aprovechando el auge de la promoción industrial en San Luis de los años 80. "Hoy soy parte de la comisión del Centro de Excombatientes '2 de Abril' de la ciudad de San Luis y trabajo en un colegio privado también". Como malvinizador, en los tiempos que puede, a los chicos en las escuelas siempre les habla de su experiencia, "sobre todo de la importancia de la logística para todos los órdenes de la vida, que el apoyo para hacer algo es muy importante. La logística sirve para todo: para poder organizarte, administrar tu vida, tus objetivos. Eso inculco, y pongo el ejemplo del asado", dice. "La guerra es una miseria. Te sale el miserable de adentro, no debería existir. Es el resultado de las malas políticas. Soy antiguerra, creo más bien en que las relaciones políticas tendrían que solucionar los problemas. Quizá no fue mi destino ser militar, quizá sí. Yo lo recuerdo con mucho amor porque ser militar es ser patriótico, es saludar a la Bandera, es trabajar para el otro, cuidar la soberanía, cuidar al prójimo. Y esa es una cosa que no se pierde. Sigue adentro de cada uno". Su mensaje hoy es explicar que esas lejanas tierras son argentinas y que nos pertenecen por derecho, que los verdaderos héroes son los 649 combatientes que dieron su vida por la Patria "y que como siempre decimos están como centinelas permanentes en esa tierra árida, fría". "La historia nos seguirá juzgando, pero hoy los chicos tienen la oportunidad de estar con gente que estuvo ahí que participó de una u otra manera. A los combatientes, los sobrevivientes con la historia viva". "Creo que el legado debe ser que no nos olvidemos que eso es nuestro. Pero más que eso, la paz. Que la guerra no exista. Sí pienso que los países deben estar armados por su seguridad, por su soberanía, etcétera. Pero mi mensaje es malvinizar que eso es nuestro, que nos tocó a nosotros, que nos pueden tocar, nos pueden abrazar y Malvinas por siempre".