José Domingo Ojeda
Entrevista realizada a José Domingo Ojeda
José Domingo Ojeda nació en la capital de San Luis y cuenta que, en los años 70, era común que el personal de la Armada o del Ejército Argentino repartiera folletos para incitar a que la población siguiera algunas de sus carreras. Así, por curiosidad, en 1974, con 16 años, ingresó a estudiar en la Escuela de Mecánica de la Armada en Buenos Aires.
Llegar a esa ciudad lo maravilló. "Buenos Aires es algo sorprendente. Mirábamos todo. Todo nos parecía grande, lindo, y aparte de eso era todo algo desconocido. En la Escuela de Mecánica hicimos un mes que se llamaba periodo selectivo, donde enseñaban el tema de armamento, te daban clases de la vida militar, te iban tomando test, evaluando el coeficiente intelectual, y de ahí te daban ellos tres opciones, o tres especialidades", recuerda. Él, interesado por los motores y máquinas, logró un lugar y se especializó en el arreglo del sistema de propulsión de buques.
Tras un año de instrucción, en 1975 se embarcó en el Patrullero Oceánico ARA 'Storni', donde aprendió más sobre la vida del marino. "Te van preparando para combates, zafarranchos, incendios de distintos tipos, vas conociendo las alarmas, cada uno tiene un puesto de combate, tiene una balsa destinada y toda una tarea específica a la que tienes que acudir".
En marzo de 1976 volvió a la Escuela de Mecánica para cursar los dos últimos años de secundaria. Egresó en 1978 y fue destinado a la Base Naval Ushuaia, donde permaneció hasta principios de 1981. Luego le dieron el pase al crucero ARA 'General Belgrano', junto a varios compañeros que tuvo en Ushuaia. "Navegué todo el 81 en el crucero con una dotación de 600, 650 o 700 tripulantes para las navegaciones que hacíamos. Para el conflicto de Malvinas estábamos en preparación. Habíamos venido de una navegación muy larga, habíamos andado por Punta del Este".
En abril de 1982, si bien Ojeda y sus compañeros ya sospechaban algo por movimientos inusuales en la base, "el comandante ordenó una formación en tierra de la tripulación y nos comunicó lo que estaba ocurriendo. Y dado los acontecimientos, había que acelerar las reparaciones (en el 'Belgrano'). Faltaba un mes para terminarlas pero se tenían que hacer en una semana. Obviamente se hicieron turnos rotativos sin parar".
Tras la pruebas pertinentes, el 16 de abril los encontró navegando primero hacia Isla de los Estados, luego a Ushuaia para carga de combustible y de allí hacia la zona marítima de Malvinas junto a la flota.
El 1° de mayo tuvieron la primera situación de riesgo y alerta tras la presencia de un submarino enemigo que los obligó a hacer maniobras evasivas; el horror se desató al día siguiente: "A las 16:00, cuando iba a tomar la guardia, nos impacta el submarino 'Conqueror'... el primero (torpedo) impacta en la popa (parte trasera), que creemos que es donde más gente muere. De los 323, mueren 270 aproximadamente. Ese impacto pegó en la máquina en la que yo trabajaba. Mis compañeros no salieron ni uno. La máquina obviamente reventó y murieron todos. El otro impacto fue en la parte de adelante y arrancó 16 metros de casco".
Con la voz entrecortada y lágrimas en los ojos, el veterano brinda una de las crónicas más cruentas, descarnadas y tristes escritas hasta ahora en estas páginas.
Ojeda trató de ir a su puesto de combate, pero los gases tóxicos y el humo no se lo permitieron. Decidió ir a la zona de dormitorios y con una linterna ayudar a otros compañeros. Algunos estaban inmóviles por el shock, pero logró llevar a varios a la cubierta mientras el buque se ladeaba por el masivo ingreso de agua. Trataron de ir hacia la parte delantera, ya que fueron instruidos de bajar con las balsas por el lado opuesto al que se hundía el buque, pero ese sector se había elevado tanto que no podían arrojarse al mar desde allí por la altura.
Se dirigieron a la parte trasera del buque para evacuar por allí y se introdujeron en una balsa con capacidad para 20 personas. Recorrieron por agua los 180 metros de largo de la embarcación para alejarse del arrastre del hundimiento, pero en la parte delantera los hierros retorcidos del casco rajaron su vehículo de evacuación y todos cayeron a las heladas aguas del Atlántico Sur.
Fueron rescatados por otras balsas hasta que encontraron una que estaba vacía y se reagruparon. "Para las 11 o 12 de la noche teníamos un mar con olas de 10 metros, vientos de 100 kilómetros, una sensación térmica de 20 grados bajo cero y si bien las balsas tienen un techo adentro, obviamente había que cubrir la balsa y pelearle al mar". "La balsa subía a la cresta de la ola y de allá bajaba como un tobogán. Cuando pegaba abajo, todos teníamos que afirmarnos y hacer fuerza para que la balsa no se diera vuelta". Con ellos iban dos compañeros, uno con quemaduras severas y otro con congelamiento de riñones, a los que había que atender y contener mientras todos lidiaban con mareos, vómitos y el cansancio extenuante de sacar el agua que ingresaba al bote.
"Era fundamental mantener la calma, no tener miedo. A las decisiones las tomábamos aquellos que estábamos un poquito mejor. No sé si estábamos shockeados o no, pero nos animábamos a hacer más cosas y a hablarnos", recuerda con pesar.
Así pasaron 39 horas, hasta que fueron rescatados por el aviso ARA 'Gurruchaga', que según los libros de historia salvó a 360 sobrevivientes.
Tras llegar al continente, a Ushuaia, fueron trasladados a Puerto Belgrano, su base de origen. Eran tantos los familiares de combatientes que se congregaban afuera de las instalaciones para saber algo de sus hijos que los superiores determinaron, tras unos días, enviar a los sobrevivientes a su casa. Pero la desesperación de la gente que no sabía nada de los suyos también lo asedió allí.
"¿Qué decir? No sabía lo que había pasado. Tenía la idea, pero no tenía la fuerza para decirlo. Estuve un día (en la capital) y me vine a Quines, donde prácticamente me he criado, tengo muchos amigos. Vine porque no podía con el tema de los familiares. Vine para acá y me quedé más tranquilo", y cuenta que días más tarde fue notificado de que debía volver a su base.
Los años siguientes transcurrieron en distintos destinos hasta que, como personal del portaaviones ARA '25 de Mayo', tras un accidente en la zona de máquinas, finalmente se dio cuenta que no podía seguir navegando y solicitó la baja voluntaria con el grado de cabo principal.
De regreso a San Luis le tocó vivir el rechazo de no conseguir empleo y ser tratado como 'un loco de la guerra'. "Nadie se interesaba con lo que nos pasaba. Todo lo contrario, era discriminado" por su estrés postraumático y su 66% de incapacidad laboral.
Sus conocimientos, amistades y la vida misma finalmente le encontraron un espacio en una empresa metalúrgica en la que trabajó 25 años. "Tuve la oportunidad, estuve muy bien pagado, trabajé bastante y jamás tuve nada que decir. Me sigo juntando con gente de la empresa y formé una familia: tengo tres hijos profesionales, un contador, un licenciado en bioquímica y una licenciada en administración de empresas. Creo que cumplí", reflexiona.
Con los años participó de la creación del Centro de Veteranos '2 de Abril' y hace una década organiza junto a compañeros una velada para esa fecha en Quines, además de hacer donaciones benéficas y dar charlas en escuelas rurales de la zona.
"Hablar de Malvinas es importantísimo porque la gente tiene que conocer lo que realmente pasó. Si bien apuntamos a los chicos para que nuestro legado sea con ellos, también hay muchos papás que se interesan por el tema, que quieren saber porque han escuchado distintas historias. La desmalvinización fue muy grande y se tergiversó todo lo que fue Malvinas entonces nosotros, no todos, hablamos". "Aquellos que más o menos podemos tomamos la iniciativa de salir a las escuelas, hablar y tratar de devolverle un poco a la sociedad lo que en estos últimos años nos fueron dando".
Sobre su legado, dice que son sus hijos: "Ellos saben que cuando me necesitan estoy ahí al lado. Creo que en la vida he logrado tener esos hijos. Y después, por Malvinas, siento que tenemos la obligación moral de seguir malvinizando porque es la única forma de homenajear a los héroes , a los que quedaron allá y a su familia".