Marcelo Nollac
Entrevista realizada a marcelo Nollac
Marcelo Nollac es de hablar pausado, como hace la gente de campo. Toma con naturalidad su paso por Malvinas, como algo que el destino puso delante suyo y había que cumplir, porque así es como se cumple con la Patria cuando llaman a defenderla. Por eso no se siente héroe ni nada por el estilo, como tantos otros veteranos que dejaron su testimonio para este libro, siente que los únicos héroes son los que no volvieron de las Islas, los que la regaron con su sangre y yacen en ese territorio hostil.
Todavía atesora una imagen en su mente, del día que volvió tras la guerra a Tilisarao, la localidad donde vive desde que tenía cuatro años, cuando su familia dejó la localidad cordobesa de Achiras para afincarse en San Luis.
"Estaban mi hermana y mi padre en la terminal, no sabían que yo volvía, ellos iban a esperar todos los colectivos que llegaran al pueblo, con la esperanza de que yo por fin me bajara de uno. Siempre me cuesta recordar ese día, porque vuelvo al momento en que mi madre estaba desorientada. Ella me miraba porque no sabía si venía entero. Fue lo más emotivo del regreso", evoca mientras se le corta la voz. "No hubo diálogo posible en ese momento, fue el abrazo y nada más", agrega, descartando cualquier palabra, porque seguramente sobraban. Era asirse fuerte a los seres queridos y llorar, pero esta vez de emoción.
Tenía apenas 19 años cuando partió para defender a la Patria, como integrante del Batallón 3 de Infantería Marina, al que había sido incorporado para hacer el servicio militar obligatorio. "Ya tenía instrucción de las Fuerzas Armadas, porque hacía aproximadamente ocho, nueve meses que me había incorporado, así que fui con algo de preparación a la guerra, donde tuve la misión de ser apuntador de un cañón de 75 milímetros con el que teníamos que custodiar la pista de aterrizaje, cuidando que no la tomaran los ingleses", detalló.
Sobre su despertar a la guerra, no fue nada del otro mundo. "El 2 de abril nos despertaron con la noticia y nos empezaron a preparar. Nos mandaron a Río Grande seis días haciendo tiro al blanco y de ahí zarpamos a Puerto Argentino", amplía Nollac, quien cuenta todo con naturalidad.
Su familia se enteró dos semanas después de su partida, a través de una carta, que estaba en las Islas. Pero la experiencia muestra que no hay distancia que compita con el poder del afecto: mientras estuvo en zona de conflicto, su padre, su madre, sus hermanos y su novia eran el motor de su día a día. "No teníamos teléfono, escribíamos cartas que les llegaban a los familiares a los 15 días. Recién allí, con la primera, se enteraron que estaba en Malvinas. Pero entre febrero, mi última licencia, y julio, no tuve ningún contacto directo con mi familia", lamenta, porque el sufrimiento es para los dos lados.
En la guerra vivió varios días de angustia, pero puesto a elegir, recuerda cuando casi pierde la vida ya en plena ofensiva británica. "El momento más difícil fue cuando nos atacaron una noche que el guardiamarina Montalvo pidió voluntarios y yo acepté. Los morteros picaron delante de nuestras caras. No nos tocaron porque Dios no quiso. Otro momento difícil fue el mes que estuve prisionero. El 21 de junio cumplí los 20 estando prisionero. Ahora han pasado 44 años, pero son cosas que no se olvidan".
Sobre el regreso, tiene un dolor muy profundo por el trato recibido. "La vuelta también fue dura. Vinimos escondidos. Recibí la burla hasta de los mismos amigos, que me decían que había ido a esconderme a Malvinas. Si bien lo hacían en broma, a uno le dolía. No decía nada, pero eso molestaba, porque uno fue con orgullo a defender la Patria. Y perdimos. Dolió muy mucho eso. Lloré muy mucho cuando tuve que entregar las armas, pero eran las órdenes y había que cumplirlas", confiesa.
Para Marcelo, Malvinas no es pasado enterrado, es historia viva. "Por eso vamos a los colegios, vamos a todos los lugares donde nos convocan, a contar lo que vivimos realmente", dijo. "Va a haber un libro, pero escrito por la gente que fue".
La guerra no es un capítulo cerrado: todo lo contrario, está abierto y, ante cada fecha significativa, como el 2 de abril o el 10 de junio, los recuerdos se reavivan. "Se vuelve a abrir ese libro que tenemos adentro. Son meses críticos para nosotros, resurge todo lo que hemos vivido. El 2 de abril lo han decretado Día del Veterano y los Caídos en Malvinas, siempre me sentí orgulloso de haber defendido la Patria, era mi deber".
"El legado que quiero dejar es el respeto por los símbolos patrios, para que lo que sucedió en Malvinas y la muerte de los combatientes no hayan sido en vano. Y el respeto, que hemos perdido en la juventud, quisiera que se vuelva a respetar a los padres, a los maestros, algo que se ha perdido. En mi documento dice 'Héroe de Malvinas'. Yo no soy héroe. Cumplí con la Patria porque estaba bajo bandera, era mi deber. Y me siento orgulloso de haberla defendido", finalizó.