Oscar Alfredo

Oscar Alfredo Moreno

Entrevista realizada a Oscar Alfredo Moreno

De chico, Alfredo Moreno quiso seguir los pasos de su padre, que era militar, y llegado el momento, el 28 de enero de 1976, ingresó a la Escuela de Mecánica de la Armada en la ciudad de Buenos Aires, no muy lejos de su Quilmes natal. Tras un año de formación se embarcó 12 meses en el crucero ARA 'General Belgrano', y en 1978 regresó a la escuela para terminar un curso de tres años sobre almacenamiento, manejo y transporte de municiones. "Nuestra función dentro de un buque es controlar lo más importante, la 'Santa Bárbara' que le decimos nosotros, medir las temperaturas, que tienen que estar en un rango por el tema de los explosivos. Es un trabajo muy delicado porque hay que tomar un montón de medidas de seguridad. Después, nuestro trabajo es abastecer a los montajes de esa munición, o sea, sacarla de la 'Santa Bárbara' y llevarla en unos dispositivos especiales, ascensores, a los que la necesitan", explica. Tras pasar unos años de destino en el Arsenal Militar Azopardo, en Azul, provincia de Buenos Aires, le comunicaron que iba a regresar al 'General Belgrano', un navío que conocía bien, pero "por cosas del destino", cuenta finalmente fue destinado al portaaviones ARA '25 de Mayo' por conocimientos específicos en una bomba de origen francés que utilizaban allí. En marzo de 1982, tras regresar de maniobras en altamar, Moreno y sus compañeros notaron "un movimiento inusual para el momento. Se cargaban muchos víveres, mucha munición, muchos pertrechos. Empezaron a embarcar a la gente que trabajaba con los aviones… muchos equipos de navegación, muchas cosas. Y a nosotros nos llamó la atención", recuerda. El 29 de marzo zarparon con rumbo desconocido hasta que, ya en mar abierto, un almirante los reunió en la cubierta y les informó que iban a participar de la Operación 'Rosario' y la recuperación de las Islas Malvinas. "Me acuerdo que formaba justo en la parte de atrás de la fila. Abajo, al lado mío, tenía el mar. Había unas cadenas y estaba el mar. Miré para atrás y dije, 'ya estoy acá, no podemos volver'. Pensás en la familia. En ese tiempo era soltero y pensaba en mi padre, mi madre. Creo que en gran parte a casi todos nos pasó lo mismo, ¿no? Cuando tuvimos la charla, este hombre nos dijo que era muy posible que tuviéramos contacto con el enemigo, y bueno, entonces empezás a reflexionar cosas. Después es como que todo va pasando". Todos vociferaron ¡Viva la Patria! Y comenzaron a practicar las tareas para las que habían sido entrenado cubriendo turnos de cuatro horas por ocho de descanso y así consecutivamente. "Se cubren todos los puestos de combate, y bueno, ahí empezamos una vorágine de ejercicios continuamente. A las dos de la mañana le tocaba el ataque aéreo, cuatro de la mañana incendio, cubrir crucero de guerra en los montajes, todo se hace por tiempo. Así empezó y nos cambió la vida dentro del buque". "Los aviones únicamente pueden despegar de día, entonces yo tomaba la guardia a las cuatro de la mañana y ya empezamos a trabajar para subir las bombas a cubierta de vuelo, que era el último tramo que teníamos. Una bomba en un avión lleva mucha complejidad, muchos alambres, muchos seguros para poder instalarla. En ese caso, un 'A4Q', que era el avión que teníamos nosotros en cubierta, en pista. O sea que mi guardia, en esas horas, era muy movida hasta que los aviones estaban cargados", recuerda. En el desembarco del 2 de abril no fue necesario apoyo aéreo, "pero bueno seguíamos cumpliendo la función. La guerra es estrategia pura, entonces el buque se ubicaba en lugares para que los ingleses pensaran que todos los aviones que zarpaban salían del portaaviones, y los aviones estaban saliendo de Río Grande, de Río Gallegos ¿entendés?". El 2 de mayo, por radio, se enteraron del hundimiento del crucero 'General Belgrano'. "Absorber todo eso para nosotros fue terrible", cuenta, al tiempo que menciona que él estaba asignado inicialmente a ese barco: "Lo mío fue… no sé, el destino. Yo iba a ir a 'Belgrano', pero las cosas se dieron así y tratamos de aceptarlas". Incluso muchos allegados a su familia llegaron a darles el pésame a su padre y su madre creyendo que había sido una de las víctimas de ese cruento ataque. Con el peligro latente de ser atacados por un submarino, el portaaviones regresó al continente, a Puerto Belgrano, antes de la finalización del conflicto. Moreno continuó con su carrera militar otros 35 años hasta su retiro en 2011. "Creo que para el que siguió la carrera militar tampoco fue tan fácil a pesar de tener un lugar de pertenencia. Seguí una carrera normal y como todos, tuve muchos destinos: La Plata, Ushuaia, Capital Federal. Y la verdad pienso que eso nos cambió la vida para siempre, a nosotros y a la Armada también. Mirábamos las cosas de otra manera, fue todo muy distinto. Hasta el día de hoy por supuesto, hasta el último día nos cambió la vida todas esas pérdidas, toda esa gente, todas esas historias", reflexiona. Tras la guerra se casó y tuvo cuatro hijos, una familia que fue un apoyo durante los años en que otros veteranos sucumbían ante la depresión, la falta de atención y reconocimiento por parte del Estado. "El que no tuvo la posibilidad de tener una familia que lo apoyara, olvidate que seguramente no está con nosotros. Que no te quepa ninguna duda", sostiene. Tras su retiro el veterano regresó a su lugar en el mundo, Quines, donde nacieron sus padres y tiene a gran parte de su familia, entre ellos un hermano. Hoy, malviniza activamente en escuela rurales e instituciones de norte de San Luis. "Pienso que el mejor homenaje que le podemos hacer a nuestros caídos, a nuestros amigos, a nuestros compañeros, es que no los olviden. Que no sea en vano. Recorremos todas las escuelas, damos charlas, ponemos dinero de nuestro bolsillo, vamos al campo, por lo general a escuelas rurales. Hemos recorrido casi todas las escuelas de acá del departamento. Nos ayudamos y dejamos el mensaje bien claro de lo que fue Malvinas y cuál es la idea nuestra de malvinizar: que es que no se pierdan en el tiempo; que hubo gente que no murió en vano, montón de anécdotas, vivencias de gente que murió cantando el Himno Nacional. Que esas cosas no se pierdan"; "Lo tomo como una obligación mía. Nosotros que estamos, que nos juntamos y charlamos, nos sentimos todos así. Es la mejor manera de honrar a nuestros muertos y que quede para siempre". Su legado es para sus hijos, "para mis nietos y para la sociedad, porque nosotros desgraciadamente no vamos a volver a ver nuestra Bandera flameando en las Islas. Pero quien les dice que ustedes o sus hijos, el día de mañana, vean la Bandera Argentina flameando allí. Seguramente en ese momento se va a ver reflejado todo el esfuerzo, todas las ganas que pusimos nosotros para eso. Ése va a ser el mejor momento". "Los chicos con los que hablamos también quedan convencidos de que son nuestras (las Malvinas) y es como decimos nosotros, la semilla está plantada".