Edgar Omar

Edgar Omar Marturano

Entrevista realizada a Edgar Omar Marturano

El 29 de marzo de 1982, Edgar Marturano subió a bordo del destructor 'Hércules' como solía hacer en las navegaciones rutinarias de la Armada Argentina, a la cual el joven de 20 años pertenecía desde hacía un par de años. Sin embargo, en el cuchicheo interno entre los tripulantes ya se rumoreaba que en ese desembarco había algo extraño, que no se trataba meramente de otro ejercicio práctico cualquiera. Tres horas mar adentro, el comandante Molina Pico confirmó las sospechas: en unos días, iban a arribar a Puerto Argentino en Malvinas como parte de la Operación 'Rosario', una maniobra destinada a recuperar la soberanía de las Islas. "En el momento no medimos las consecuencias. Había mucha algarabía, era Malvinas", relató Marturano. El nacido en San Luis había descubierto su vocación para el Ejército Argentino de adolescente, ingresando con apenas 16 años a la Escuela de la Armada pese al desagrado de sus padres. Viajó a Buenos Aires con más de 70 chicos de San Luis, aunque apenas un puñado de 15 logró acomodarse a las exigencias y condiciones. En la Guerra de Malvinas, el rol de Marturano estuvo ligado a la comunicación. "Mi especialidad era la radiotelegrafía, fui el radio operador durante lo que duró el conflicto. Mi tarea era recibir mensajes y transmitir lo que me pedía el comandante", explicó el veterano, quien pasó más de 70 días a bordo del 'Hércules', muchas veces a menos de 300 metros de Malvinas, pero jamás puso un pie sobre las Islas. "Nuestro buque nunca entró en combate, aunque vivimos una situación límite en el rescate de un piloto que se había eyectado", recordó Marturano. El 'Hércules' nunca concretó la misión. El buzo encargado bajó con su lancha, pero en medio de la operación la nave madre se dio media vuelta y huyó de la escena. "Los ingleses tenían submarinos atómicos que nos vivían teniendo en jaque. Tomaban el sonar de nuestras unidades y nos forzaban a navegar por zonas poco profundas para evitar ser atacados", explicó. El piloto se vio forzado a aguantar más de ocho horas en el agua hasta que un helicóptero pudo rastrear su ubicación y auxiliarlo. La otra experiencia extrema que vivió Maturano fue cuando les avisaron por altoparlante que el 'Hércules' había sido avistado por un avión enemigo. "Pensamos que nos habían tomado la posición, que iban a regresar para atacar. Más de siete horas estuvimos en alerta, esperando el momento en el que pase lo que tenía que pasar", narró el veterano. La noticia fresca del hundimiento del crucero 'Belgrano' había calado hondo en la mente de los tripulantes. Tenían formación de sobra para actuar con eficiencia ante un eventual ataque, pero no hay cantidad de horas de entrenamiento que valgan para aprender a morir. Afortunadamente, y sin explicación hasta el día de hoy, el ataque nunca llegó. "Recuerdo en esos instantes pensar en mi familia. Uno convive con esa sensación, ese miedo de lo que te puede suceder, pero a la vez uno quiere hacer las cosas bien en situaciones de presión", aseguró Edgar. Durante esas horas interminables, cada ruido, cada movimiento, cada respiro podía ser el último, aunque esas sensaciones aceleraban por el interior de cada persona. Hacia el afuera, reinaba la serenidad. La magnitud real de los horrores de la guerra solo puede ser comprendida en toda su extensión por aquellos que la padecieron en carne propia. El ciudadano que leyó o escuchó sobre lo acontecido puede intentar empatizar, pero difícilmente llegue a entender por completo las implicancias de un conflicto bélico. Aun entendiendo eso, Marturano cree que, en los meses sucesivos a la rendición, la sociedad argentina en general "no tomó dimensión de lo que fue". "Cuando estaba en Malvinas recuerdo pensar que todo iba a ser ganancia para Argentina y el continente porque íbamos a aprender a valorar y ser más participativos como país. Pero no se le dio inmediatamente la importancia que merecía lo que sucedió. Creo que faltó contención en ese tiempo, tal es así que muchos chicos no lo soportaron y se terminaron suicidando por esa falta de hablar sobre el tema y por no contar con acompañamiento profesional", indicó. En el caso de Marturano, encontró algo de consuelo y respaldo en su familia, pero su participación en Malvinas fue contraproducente para sus aspiraciones laborales. "En aquel entonces estaba muy en auge el Parque Industrial en San Luis. Yo buscaba trabajo, pero cuando decías que eras combatiente te jugaba en contra", expresó con lamento. Sin embargo, especialmente en los últimos años, el panorama cambió para Marturano. La malvinización instaló profundamente el significado de la lucha heroica de los héroes de la guerra. "Hoy siento un enorme orgullo. Malvinas es esa llama que nunca se apagó y que ahora está más encendida que nunca. Lo vemos en los chicos, en las escuelas, en los maestros, en ustedes mismos. Eso es malvinizar, mantener viva esa llama", enfatizó el veterano. "Después de la gesta sanmartiniana, la recuperación de Malvinas es lo más importante que pasó a nivel país. No lo pudimos mantener porque nos encontramos ante un enemigo superior, pero siempre le digo a los chicos que no se olviden de eso. Hay soldados que tenían la edad de ellos y ofrendaron sus vidas por esas Islas. Todo tiene que servir para avanzar en esa lucha en un futuro, a través de la vía diplomática y no la guerra", concluyó.