Marcelo César

Marcelo César Lotufo

Hijo de Marcelo Pedro Lotufo, Héroe de Malvinas

Entrevista realizada a Marcelo César Lotufo, hijo de Marcelo Pedro Lotufo

Marcelo César Lotufo habla con cuidado, como quien busca que cada palabra haga justicia. Su papá fue el capitán Marcelo Pedro Lotufo, quien formó parte del Grupo 1 Aerofotográfico de la Fuerza Aérea Argentina y realizó misiones de reconocimiento, planificación militar y el guiado de aviones de combate durante la Guerra de Malvinas. Su papá había nacido en Salta, hijo de un ingeniero de Vialidad Nacional, lo que hizo que viviera en La Rioja, Catamarca y el sur argentino. En el momento de la guerra, la familia estaba en Paraná. Hoy su hijo vive en San Luis hace más de dos décadas. "Mi papá fue capitán de Fuerza Aérea", se presenta Marcelo, construyendo un puente entre lo que vivió y lo que heredó. "Él egresó como alférez de la Escuela de Aviación Militar, estuvo destinado en la Escuela de Suboficiales, en la Antártida y luego en Paraná, donde se especializó en fotografía aérea y reconocimiento fotográfico", agrega como si describiera el CV del papá, que sin dudas lo tiene de memoria. Apenas si pudo conocer a su papá, porque era muy chico cuando partió a la guerra, pero eso no impide que se quiebre cuando lo recuerda. Cuando se desató el conflicto de Malvinas, el Estado requisó aeronaves civiles para reforzar la capacidad operativa. Así nació el 'Escuadrón Fénix', con pilotos y mecánicos civiles, del que Lotufo formó parte. En ese marco, participó en misiones de reconocimiento de largo alcance, traslado logístico, retransmisión de mensajes para orientar ataques guiados de aviones 'Mirage' sobre el Atlántico. Patrullaron toda la plataforma continental marina. "En el año 82 no había satélites como ahora. El reconocimiento aéreo era lo más avanzado que existía. Con esas fotografías se planificaban nuevas misiones de combate y se sabía dónde estaban los barcos británicos", recuerda Marcelo, quien agrega que colaboraron con el repliegue del personal de las Islas y conformaron el puente aéreo logístico entre las Islas y el continente. "Eso permitió trasladar municiones de una base a otra, personal médico, el repliegue de heridos, y recuperación de pilotos que se habían eyectado". Los 'Lear Jet' en los que volaba su padre tenían compuertas especiales para cámaras de telemetría que apuntan hacia la tierra: una tecnología clave para este conflicto, porque podían planificar las misiones de combate una vez que volvían a la base. "Los 'Lear Jet' iban delante de los 'Mirage' y los encaminaban al blanco que tenían asignado", dice. El 7 de junio de 1982 quedó marcado para siempre en su familia. Ese día, dos 'Lear Jet' despegaron para cumplir una misión de triple efecto: diversión (para confundir radares británicos), reconocimiento (para detectar una pista provisoria) y verificación de comunicaciones ante posibles interferencias. Lotufo volaba con la creencia de estar a salvo porque los misiles británicos alcanzaban hasta 40 mil pies y ellos volaban a 50 mil. Pero los británicos ya habían recibido misiles nuevos de Estados Unidos con un alcance de 60 mil pies. "Cuando vieron las iluminaciones de la fragata, ya era tarde. Se escuchó la voz del piloto que dijo: 'Nos han dado, no hay nada que hacer'", relató Marcelo. El avión cayó al mar y los restos recién fueron recuperados en 1998 por las redes de barcos pesqueros; cuatro de los cinco tripulantes que volaban con su padre fueron sepultados en Isla Borbón. Marcelo tenía apenas cinco años. "El recuerdo más fuerte es cuando me avisaron que él había fallecido", dijo. Fue la noche del 7 de junio de 1982, cuando oficiales de uniforme tocaron el timbre del edificio militar en el que vivía con su madre, una joven abogada de 27 años. "Un compañero de mi papá entró a mi pieza y me dijo que ahora tenía que hacerme cargo de la casa", contó. Su papá estaba becado para viajar a Holanda y la familia tenía pasajes, primero para enero y luego para el 15 junio de 1982, pero se quedaron en el país por la situación relacionada al conflicto. "Ya no teníamos muebles en la casa porque estábamos próximos a viajar", recordó. Su mamá tomó la decisión de dejar Paraná y volver a Rafaela, donde vivían sus padres. Tenían tres meses para entregar la vivienda y empezar una vida nueva. "Me criaron mi mamá y mis abuelos maternos. Fue una etapa muy difícil, porque en gran parte de la sociedad hablar de Malvinas era casi mala palabra", lamenta Lotufo. El impacto de crecer como hijo de un héroe se mezcla entre orgullo y tensión: "Dolor y angustia por lo que nos tocó vivir, pero también sé que es algo significativo para la sociedad. Mi papá cumplió con su juramento y su convicción. Eso también nos marcó a mi mamá y a mí", afirmó. Marcelo se radicó en San Luis en 1999, formó su familia y sostiene una idea firme sobre lo que debe permanecer: "El legado más importante es el compromiso. Con la sociedad, con tu trabajo, con tu Patria. Mi papá llevó esa convicción hasta el límite y eso quiero transmitirle a mi hija", concluyó.