Osmar Alberto López
Entrevista realizada a Osmar Alberto López
En mayo de 1982 el soldado conscripto, Osmar Alberto López, estaba atrincherado en su posición de combate a siete kilómetros de Puerto Argentino, en las Islas Malvinas. Hasta ese momento, cuenta, el miedo aún no lo había invadido porque confiaba en su formación. Pero una noche, al sentir tan cerca el silbido de las bombas que lanzaban los ingleses "me quebré y le pedí a Dios que me deje volver por ella, por mi madre", que días antes le había escrito "Negrito, hace rato que no sé de vos".
Ese ataque enemigo no se llevó su vida. A 44 años del conflicto, el veterano aboga por la recuperación de las Islas por la vía diplomática y por un legado que reivindique a quienes dejaron su vida por la Patria en el Atlántico Sur.
López es oriundo de Berazategui, Buenos Aires. En tercer año de una secundaria industrial tuvo que abandonar la escuela en busca de trabajo hasta que, al cumplir los 18 en 1981, salió sorteado para hacer el servicio militar obligatorio.
Su destino fue el Regimiento de Infantería 7 en La Plata, donde completó su instrucción y fue dado de baja en marzo de 1982, sin imaginarse que su tiempo fuera de la vida militar sería fugaz. "Era un fin de semana largo de Semana Santa y en ese momento el pool era un boom. Salía de uno cuando un cabo me grita desde un colectivo 'Osmar, en cualquier momento te convocan'. A la una de la mañana me fui a mi casa y a las cuatro un policía vecino me trajo la notificación de que tenía que presentarme cuanto antes", recuerda.
Para López, lo de soldado 'voluntario' no es tan así. "La gente dice voluntario, pero no todos tuvimos la suerte de volver. Voluntarios… no es así, uno no eligió ir a la guerra. De todas maneras, nosotros fuimos preparados medianamente porque tuvimos la instrucción en Santa Rosa, La Pampa, y ahí pasamos frío, un poco de hambre también", dice.
Lo cierto es que, por la mañana, acompañado por sus padres y hermanos, volvió a la base en La Plata y se reencontró con sus compañeros. Antes "le dije a mi familia que se quedaran tranquilos, que no iba a pasar nada", luego, desde el aeropuerto de El Palomar, abordó un avión 'Hércules' hasta Río Gallegos y de allí otro hasta Puerto Argentino, a donde arribó el 15 de abril. Osmar era cargador de un cañón de 105 milímetros.
"El 1° de mayo empezó el combate con los bombardeos de los buques y aviones ingleses. Ahí empezaron las alertas y así estuve hasta el 14 de junio a las siete de la mañana, que llegó la rendición". Tras caer prisionero y permanecer unos días en un galpón en Puerto Argentino, el veterano cuenta que fue embarcado en el buque británico 'SS Canberra', en el que volvió al continente para luego reencontrarse con su familia.
"Más allá de todo lo que uno pasó allá. Del hambre, el frío, el no tener la ropa adecuada, lo que uno lamenta es la caída de nuestros hermanos que dieron su vida por amor a la Patria", reconoce con un dejo de tristeza.
Sobre el día de la rendición, tiene su propio relato. "Ese mismo 14 de junio, con el jefe de regimiento venimos caminando a Puerto Argentino y ahí nos tuvieron prisioneros en unos galpones, pero era una forma de decir porque nos dijeron que nos esparzamos por el pueblo para buscar algo para comer. Después no subieron en el buque 'Canberra' y ahí nos trataron bien, nos dieron de comer, cigarrillos, inclusive la bandera del regimiento la habían enterrado y los tres oficiales decidieron desenterrarla, desarmarla y llevarla en distintas partes del cuerpo. En su momento lo descubrieron los ingleses y uno cargó el fusil y amenazó con matarlos, pero al final les dejaron la bandera. Fue algo también muy valeroso".
"Está bien que la gente lo sepa, que malvinizamos para contarles la historia, un poco triste y un poco no, pero es lo que se vivió para que esto no vuelva a ocurrir", reflexiona Osmar, que pide "seguir adelante con ímpetu, la mayoría de nosotros ha trabajado, yo me jubilé como auxiliar de escuela en la provincia de Buenos Aires y siempre trato de colaborar, con sillas, con pintura, arreglos. Así les damos nuestra imagen a los chicos para que vean que todos unidos, con amor, se pueden hacer las cosas. Nosotros no somos los únicos que representamos a Malvinas, todo el pueblo argentino lo hace a través de nuestras vivencias", asegura.
"El legado con nuestros compañeros es continuar la misión de contarle a la sociedad que no es fácil una guerra, que esto se puede hacer de otra forma, diplomáticamente. Tampoco se perdió una guerra, se perdió una batalla, porque las Malvinas son nuestras… es darles nuestra imagen a los chicos para que vean que todos unidos, con amor, se pueden hacer las cosas", cierra Osmar.