Néstor

Néstor La Veglia

Entrevista realizada a Néstor La Veglia

El 14 de junio de 1982, al entonces cabo primero Néstor Oscar La Veglia le informaron que la Argentina y el Reino Unido habían llegado a un acuerdo por el conflicto de la Guerra de Malvinas y le ordenaron que depusiera sus armas para ser trasladado como prisionero. Militar de profesión hasta su retiro como suboficial del Ejército Argentino, el veterano explica que hay dos tipos de armamento: el que le es otorgado al soldado por la institución y aquella que es adquirida por él y que tiene el carácter de propiedad privada. "Como última acción de combate, mía, individual, sin ayuda de nadie, decido llevar ese armamento", cuenta; y lo logró burlando todo tipo de controles del enemigo porque no quería que se quedaran con su pistola como un trofeo de guerra. Hoy milita para contar su historia y para que la recuperación de las Islas sea una misión pacífica y diplomática de los jóvenes. La Veglia, que nació en una familia humilde radicada en San Miguel del Monte, en la provincia de Buenos Aires, ingresó al Ejército en 1976 como cabo de armas y en 1978 fue destinado al Regimiento de Infantería Mecanizado 8, con asiento en Comodoro Rivadavia, Chubut, mismo año en el que participó en el conflicto con Chile. "El regimiento se desplazó a Lago Blanco, a seis kilómetros del Aeropuerto Internacional de Balmaceda. Así que como verás desde mi egreso, mi acontecimiento relacionado con la defensa de la soberanía comenzó a funcionar en ese mismo momento. En el año 1978, durante el conflicto por el canal de Beagle", informa con orgullo. El 2 de abril de 1982, como la mayoría de sus compañeros, se enteró de la recuperación de las Islas y dos días más tarde se embarcó rumbo a ellas como parte de un batallón de 1.200 hombres en un avión 'Hércules C-130'. Una vez allí fue designado al sur de Bahía Fox, donde caminó por campos minados para llevar armamento pesado y municiones a su compañía asignada. Néstor no puede esconder su afición por los detalles y el orden; y cuenta, con una cronología impecable, cada misión y acción que desplegó hasta el "famoso día de la rendición" el 14 de junio de 1982. "Cada integrante del grupo comenzaba a trabajar en su pozo de zorro y a su vez con las posiciones de los cañones, que eran bastante grandes. Así que tuvimos hasta el 1° de mayo todas tareas relacionadas con lo que iba a ser el lugar de abastecimiento, el aparcamiento de la munición y modificando los sectores de responsabilidad de fuego. Cómo se iban a cruzar los fuegos en caso de recibir descarga naval, o bombardeos aéreos, el camuflaje; en fin, muchas tareas y por supuesto un gran trabajo en equipo porque la zona así lo requería. No era muy blanda, había turba, piedra, agua a unos 50 centímetros. Los pozos de zorro normalmente son de la estatura de un ser humano. Así que trabajamos mucho", describe. Sobre cómo resistió la entrega de su arma, tiene un relato certero y su anécdota es digna de un libro. A pesar de que le aseguraron que su armamento personal, una pistola 9 milímetros, le iba a ser devuelta, no les creyó y dijo "esto es un trofeo de guerra", así que decidió esconderla entre sus ropas. "Descendimos (de un helicóptero) y entregamos todo el armamento. Nos revisaron a todos por igual y nos mandaron a un galpón dos días. Salimos, volvieron a revisarnos y nos embarcaron en helicópteros. Bajamos y nos mandaron a otro galpón. Al otro día en horario nocturno nos volvieron a revisar. Luego, en un muelle, nos vuelven a revisar, y volvimos a embarcar en lanchones hasta entrar en el buque inglés 'Norland'", recuerda. Allí, ante el peligro que los hicieran desnudar, concurrió a unas letrinas ubicadas dentro de contenedores y guardó su arma debajo de uno de ellos. El 21 de junio de 1982 lo desembarcaron en Puerto Madryn y al descender a suelo argentino por la pasarela, sacó su arma y se la mostró a un representante de la Cruz Roja Internacional y un capitán militar inglés: "Recuerdo siempre la actitud del capitán. Se miraron entre ellos y me levantó el pulgar. Había logrado pasar una pistola calibre 9 milímetros de propiedad privada. Burlé todos los sistemas de seguridad de un buque inglés y hoy en día la tengo con su munición y cargadores como corresponde", se vanagloria. Néstor dice que cumplió con su deber, que continuó su carrera militar y tuvo destinos internacionales con conflictos con una crudeza y violencia mayor que Malvinas, pero confiesa: "Siempre digo que ese 21 de junio bajé físicamente a Puerto Madryn pero me quedé suspendido en el aire. Espiritualmente me quedé porque no me recibió nadie, porque bajé ahí y me pusieron en un colectivo con las ventanillas tapadas con diarios. Llegué a mi regimiento y no había nadie que me recibiera". Hoy, el suboficial retirado pasa sus días aportando a la tarea de malvinizar. "El mensaje que le queremos dar al pueblo argentino es que dimos mucho para que ustedes sigan defendiendo nuestra soberanía, nuestra cultura, nuestra seguridad y nuestra convivencia", dice convencido. "Al armamento lo usamos nosotros. Hoy nuestros jóvenes tienen que usar la pluma. Que creo es el camino correcto… nosotros no enaltecemos la guerra, que es violencia, pero sí queremos mandar este mensaje de reconocimiento a nuestros derechos soberanos sobre las Islas Malvinas. Y recuperarlas por el camino democrático, jurídico y por el reclamo internacional", sostuvo La Veglia.