Josefina Kopac de Zupanc
Viuda de Marcos Luis Zupanc, ex Combatiente de MalvinasEntrevista realizada a Josefina Kopac de Zupanc, viuda de Marcos Luis Zupanc
El mayor de la Fuerza Aérea Marcos Luis Zupanc siempre tuvo buena salud. Los estudios que le practicaban anualmente daban cuenta de ello, pero al regresar de la Guerra de Malvinas comenzó a tener problemas de presión y sufrió un ACV a los 36 años. Luego sus riñones fallaron, y debió someterse a diálisis hasta el final de sus días. Josefina Kopac, su compañera de vida, cree que todo fue consecuencia del conflicto y, quizás, de haber cargado él solo con la historia de lo que vivió en las Islas para preservarla a ella y su hijos de un relato horroroso. Al mudarse a Villa Mercedes, encontró en la Asociación de Veteranos un espacio para compartir sus vivencias, escuchar a otros y sacarse al menos un poco de peso. Sus compañeros y camaradas lo recuerdan por su humanidad, entrega y humor. "Ése fue su legado", asegura ella.
Zupanc era ingeniero militar de la Fuerza Aérea y tenía a cargo el mantenimiento mayor de la artillería antiaérea y de radares. Tras pasar tres años en la VI Brigada Aérea de Tandil fue trasladado a Mar del Plata, donde organizó y formó el escuadrón de mantenimiento de artillería antiaérea.
Allí residía cuando el 2 de abril de 1982, se enteró por los medios de la recuperación de las islas Malvinas. "Esa mañana nos levantamos, yo fui a comprar el pan, y vi banderas colgadas de las ventanas, porque vivíamos justo enfrente de unos monoblock que eran de personal de la Marina en Mar del Plata. Pensé que era raro porque no era una fecha patria, y después escuché el Himno Nacional Argentino y ahí me entero. Y después se enteró mi marido, porque no les avisaron antes", recuerda Kopac.
La mujer cuenta que su marido abordó un avión 'Hércules' para dirigirse al archipiélago en el último vuelo que pudo ingresar a Puerto Argentino, porque ya había presencia del ejército inglés y que incluso fueron perseguidos por aviones 'Sea Harrier'. "Fue el último avión que pudo aterrizar porque al poco tiempo vinieron los bombarderos Vulcan, destruyeron la pista y no pudieron utilizarla más".
Por un libro que un compañero y veterano escribió años más tarde, Kopac supo "el infierno que fue cuando el Vulcan bombardeó la pista de aterrizaje. Las bombas que cayeron, los heridos, los gritos, la desesperación, pero él nunca me lo contó a mí. Quizás no quería sobrecargarnos con eso, no sé. Tenía mucha fe en Dios y lo llevaba ejemplarmente". "También contaba allí cómo en el pozo de zorro se quedaron sin agua, sacaban del mar y él hizo todo un proceso para destilarla para poder tomar café, y así todo era muy salado".
Zupanc estuvo en un pozo de zorro hasta el final del conflicto y estuvo prisionero en un galpón en las Islas antes de regresar al continente en el ARA 'Almirante Irízar'. Aún en el archipiélago, fiel a su personalidad y porque hablaba inglés, acordó con sus captores hacer un baño de campaña para que sus camaradas estuvieran en mejores condiciones. Por motivos personales se fue de baja unos años después con el rango de capitán y se mudó junto a su familia a Villa Mercedes, donde le ofrecieron un puesto de encargado de producción en una fábrica.
"Mientras continuó la vida militar ya sentía mucho la desmalvinización, el olvido de parte del Gobierno, porque empezaron a crear toda esa leyenda negra sobre los pobres niños que iban al frente y que estaban mal alimentados, mal vestidos. Lo cual en cierta forma era cierto, pero no dijeron la verdad". "Esos soldaditos iban con ganas y querían defender a su Patria.No eran niños como muchos adolescentes de ahora que no tienen la misma madurez. Eran chicos maduros porque iban y querían ir a la guerra. Mi marido mismo decía, 'yo quiero ir y no me quiero quedar'", sostiene la viuda.
Cuando tomó contacto con la Asociación de Veteranos de la Guerra de Malvinas de Villa Mercedes "él era el único oficial y sin embargo se sintió cómodo, contenido. Todos eran iguales. Cada uno, desde su punto de vista, volcaba su experiencia, sus vivencias y yo pienso que ahí es donde él se abrió. Se abrió a este grupo que lo ayudó muchísimo".
Tras pasar siete años en tratamiento por su afección renal, Zupanc murió a los 59 años, el 26 de septiembre de 2012. Tras su deceso, Josefina fue invitada al acto por el trigésimo aniversario del escuadrón que su esposo formó en Mar del Plata. "El recibimiento fue espectacular. Nos pusieron en la sala de conferencia donde él daba clases y formaba a los subalternos, su nombre con toda una formación, una cosa increíble. Allí, un suboficial que trabajaba con él me dijo 'señora, discúlpeme pero yo la tengo que abrazar'. Y nos abrazamos y lloramos como niños, porque ellos venían a casa a trabajar además de trabajar en la base".
"Pienso que ese fue su legado, especialmente de él como persona. Como jefe él era uno más, apreciaba a la persona" por encima del rango, dice Kopac. "Y esa relación con sus compañeros de trabajo, que le fue de vuelta con cariño, fue su legado".
Hoy la mujer celebra que la historia de los veteranos se conozca de sus propias bocas y de sus familias. "La malvinización, la concientización, vale la pena porque las Islas lo ameritan, porque son nuestras, y porque la gente que sufrió lo amerita. Y nosotros también, porque perdimos a nuestros maridos, a los padres de nuestros hijos y demás", cerró.