Jorge Omar González
Entrevista realizada a Jorge Omar González
Jorge Omar González lo expresa serena pero contundentemente: "Nosotros peleamos por la causa. Malvinas une, une a todo el mundo". Y así como sucedió en 1982, hoy, las agrupaciones de veteranos siguen con su misión, sin pedir nada a cambio. "Al contrario, estamos para la comunidad, para quien lo necesite", ya sea con ayuda para una escuela rural o para llevar sus relatos que hacen memoria viva de lo sucedido en el Atlántico Sur, dijo Jorge, quien es presidente del Centro de Veteranos de Malvinas del Valle del Conlara.
Jorge nació en Capital Federal, se crió en el barrio de Congreso y vive en Santa Rosa del Conlara. Hace seis años que, junto a su esposa Claudia, cambiaron la arena de Mar del Plata por el paisaje serrano de San Luis.
A los 15 años, Jorge entró a la Marina de la Armada Argentina. A los 17 se fue a la Base Naval Puerto Belgrano. "Mi primer destino fue un buque-dique desembarco y al año me trasladaron al destacamento naval de playa, que es el que me catapultó a Malvinas. Ahí teníamos todas las unidades de desembarco, las lanchas de desembarco, las EDPV", recordó.
En 1982, Jorge tenía 20 años y era cabo segundo, el segundo grado dentro de la carrera. "Mi especialidad era maquinista motorista. Hacía todo el mantenimiento de las lanchas, los motores", contó el veterano, que se retiró en 2013, con 35 años de servicio.
La preparación para Malvinas, en verdad, comenzó en diciembre de 1981. Lo convocaron, se presentó en Puerto Belgrano y empezó los cursos preparatorios. "Me embarqué en el buque tanque Punta Médanos, aprovisionábamos buques en navegación de combustible para que no les faltara durante la navegación", dijo y contó que a ese buque-tanque no podían acercarlo mucho a Malvinas porque tenían la amenaza de submarinos.
"Nos especializamos en una ametralladora que tiene un pie, que es una ametralladora 12,7 mm. Es una bala muy grande, antiaérea. Era operador de la antiaérea. Y a su vez también era controlador y hacía mantenimiento de los motores en caso de que fallara", explicó sobre su función específica.
Respecto al momento más difícil que tuvo que vivir, contó: "Veníamos huyendo de un submarino. Fueron 18 horas en las que teníamos que escapar y buscar la costa, la más próxima posible y con menos profundidad. Fue una situación muy complicada. Se tiró todo el combustible que había para vaciar los tanques, tener más propulsión y escapar del enemigo. Llegamos a Puerto Madryn con una turbina rota y nos quedamos allí", dado que hubo un atraso durante el arreglo.
Con muchos compañeros se despidió sin saber a dónde íbamos, recordó Jorge, al tiempo que se le quebraba la voz. "Fue muy duro. Muchos se habían ido a la Fragata 'Libertad' y los embarcaron de urgencia, o el Crucero 'General Belgrano'. Lamentablemente muchos con hijos recién nacidos, o con un proyecto de casamiento, o con otros proyectos de vida", enumeró.
Ya finalizada la guerra, se reencontró primero con sus compañeros. "Nos llevaron al hospital, estuvimos ahí mucho tiempo. No hablamos con nadie. No podíamos hablar de nada, hasta equilibrar las emociones. Después de cuatro meses recién pude viajar a mi casa a ver a mi madre y a mis hermanos", narró.
Jorge siguió con la carrera naval, pero no todo fue sencillo en la posguerra. "Pedí ir a Ushuaia y ahí no me dejaban hacer un montón de cosas porque decían que era 'el loquito de la guerra'. Así nos catalogaron nuestros propios pares. 'Tengan cuidado porque éste estuvo en Malvinas y no se le puede dar un arma'", evocó con dolor. Dijo que recién cuando comenzaron a suceder los suicidios de veteranos las autoridades comenzaron a tomar cartas en el asunto y dispusieron las evaluaciones psiquiátricas.
En 2013, cuando se retiró, se integró a la Asociación Veteranos y Defensores de Malvinas de Mar del Plata. Allí encontró un espacio de desahogo, para "desechar a la basura" las emociones negativas y "mirar hacia adelante". "Solo quien ha pasado por algo igual o parecido puede entender cabalmente", consideró Jorge.
"Es muy difícil hablar. Hay muchos recuerdos, no muy gratos, que nos vamos transmitiendo entre nosotros. Y la presión es muy fuerte. Lo importante es que entre nosotros nos apoyamos", dijo, y explicó que "haber estado al borde del abismo y haber tenido la suerte de volver" sirvió para valorar a "la familia, los amigos, los vecinos, la Patria, el compromiso, la responsabilidad, el ser cada día mejor". "Y con toda nuestra existencia honrar a los que no volvieron, hasta que quede el último veterano", agregó.
Para Jorge, su mayor orgullo es haber cumplido su deber con la Patria. "Lo mejor que uno puede hacer para ser recordado es hacer las cosas bien. Y ayudar a todo el mundo sin límites, sin bandería política", manifestó.
Por eso, cuando van a las escuelas y tal vez un chico pregunta '¿cuántos mató en la guerra?' Jorge le responde que ellos prefieren hablar de la vida y de su valor, del amor entre las personas y de la familia. "Sabes que estás matando a un hombre y que atrás tiene una familia. Si no es él, sos vos. Es muy penoso, pero lamentablemente es así. En la guerra no hay ni vencedor ni vencido, todos perdemos", consideró.