Juan Carlos

Juan Carlos Garro

Entrevista realizada a Juan Carlos Garro

El suboficial del Ejército Argentino, Juan Carlos Garro, nació en la localidad de Salinas del Bebedero, pero antes del año su familia se mudó a Balde, donde se crio. "De muy chico, las pocas veces que veía al Ejército desfilar, el uniforme verde me llamaba la atención. Y decía: 'Un día, yo quiero ser soldado y quiero prepararme como ellos'. Algunos me decían que las Fuerzas Armadas no eran para todos, porque es muy difícil. Y yo decía: '¿Por qué no puedo llegar yo a ser un soldado del Ejército Argentino?'", recuerda. Tras terminar la escuela secundaria en Mendoza y regresar a Balde, Juan Carlos se inscribió para rendir el ingreso militar en 1977, con 17 años. Meses después una carta le anunció que había sido seleccionado y el año siguiente abandonó su pueblo. "Fue toda una sorpresa, porque cuando fui a la escuela conocí Buenos Aires. Nunca había ido. Tenía compañeros de distintas provincias y de Buenos Aires, que cuando teníamos franco nos llevaban a conocer. Fue todo nuevo para mí. Había cambiado mi vida totalmente, había salido de un pueblito". El veterano egresó en 1979 y en 1980 fue designado a su primer destino en Comodoro Rivadavia. "Estaba muy contento, me sentía muy feliz. Había logrado algo que yo elegí. Me costó mucho, pero lo logré. Así que me sentí muy contento de llegar a usar un uniforme del Ejército", recuerda con anhelo. El 2 de abril de 1982, en la formación habitual de la mañana, él y sus compañeros del Regimiento de Infantería 8 recibieron la noticia de que Argentina había recuperado las Islas Malvinas. Les ordenaron prepararse para una inminente partida, que ocurrió 48 horas más tarde "en un avión de Aerolíneas Argentinas. De Comodoro me llevan a Malvinas. Una hora tardó el avión, así que no alcancé ni a abrir los ojos que ya estaba en Malvinas. Y ahí empieza mi historia". El suboficial y parte de su regimiento fueron designados a la custodia de Bahía Fox ante un potencial avance enemigo. En un pozo de zorro, pasó los 74 días de conflicto soportando bombardeos aéreos y navales. "Las primeras veces salimos a recorrer y estaba todo bien, pero cayó la primera bomba cerca y sinceramente queríamos salir volando de ahí, porque en un ejercicio nunca nadie te tiró una bomba cerca para ver qué se siente, ¿no? Te cambia totalmente la vida", cuenta. Pero la verdadera crudeza de la guerra caló hondo con las primeras bajas, sobre todo la de un compañero, que murió en sus brazos. "A mi familia le mandé una sola carta, por decisión, porque una vez vi a un soldado que había fallecido había puesto una carta 'la semana que viene te mando otra'. Entonces yo hice una sola y puse 'cuando pueda te mando otra', para que no estuvieran esperando esa carta" por miedo a que nunca llegara. Cuando finalizó el conflicto, regresó a Puerto Madryn como prisionero a bordo del buque 'Norland'. Cada soldado fue regresado a su unidad de origen hasta que, en noviembre, a Garro le otorgaron su ansiada licencia, de 45 días, y emprendió su regreso a San Luis. "Llegué de sorpresa a casa. Mi familia todo ese tiempo creo que sufrió porque creían que yo no quería venir a San Luis porque tenía algo, estaba herido, no sé. Les había dicho que no, pero ellos hasta que no me vieron no se quedaron conformes". Juan Carlos llegó a la capital a las 23:00 de la noche. Pensó en ir a casa de su hermano, pero sus ganas de regresar a Balde eran mayores así que abordó un taxi. Era la 01:00 de la madrugada cuando se aprestó a golpear la puerta de la casa familiar, pero su mamá abrió antes. "¿Qué, estuviste todo el tiempo ahí detrás de la puerta?', le dije en chiste", recuerda. Y llora. El Ejército les había prohibido hablar de la guerra. Él tampoco estaba en condiciones de hacerlo, y en un pueblo chico, todos querían preguntarle lo mismo, así que pasó sus vacaciones encerrado con su familia. "El secreto militar duró casi 30 años, ahí es cuando los veteranos empiezan a hablar y contar más o menos la historia", dice. A más de cuatro décadas de la guerra, el veterano encuentra calma malvinizando en escuelas de la provincia como otros tantos. "Me parece muy importante que los chicos escuchen la palabra de nosotros. Pero también explicamos que la historia es personal. Yo cuento mi historia, otro veterano la suya. Son distintas historias porque la situación que le tocó vivir fue distinta", reflexiona. Sobre el legado que quisiera dejar responde: "Me gustaría que me recordaran. Que hice lo que elegí, hacer algo por la Patria, por la gente, porque para eso se preparan las Fuerzas Armadas". "Soy un veterano que tuvo la suerte de ser elegido para defender a mi Patria".