Francisco Funes
Entrevista realizada a Francisco Funes
El cabo primero, Francisco Funes, nació en Nogolí. Su padre era capataz en la estancia La Escondida, un campo de 26 mil hectáreas propiedad de una familia británica, donde prácticamente se crió. De chico recuerda que los propietarios visitaban a menudo el lugar y que incluso lo subían en una avioneta para recorrer la propiedad. "Tenía mucho contacto con ellos, con los ingleses digamos", por eso, ya en la Armada Argentina y con los pies puestos en las Islas Malvinas, estaba seguro que ese pueblo no se iba a quedar de brazos cruzados por la recuperación del archipiélago y "que iban a venir y la cosa se iba a poner fea". Y fue así: tras participar de la Operación 'Rosario' y permanecer en esas lejanías durante todo el conflicto, se quiebra al contar que lloró de vergüenza ante sus padres al haber vuelto al continente sin que la Bandera argentina quedara flameando en un pedazo de tierra que le pertenece a la Patria.
El veterano terminó sus estudios secundarios en la entonces Escuela Industrial de la capital y, como tenía que hacer el servicio militar obligatorio, aprovechó esa formación para ingresar directamente a las escuelas técnicas de la Armada Argentina. "Éramos conscriptos no convencionales que se llamaban, y fuimos no directamente a estudiar la carrera militar sino al Puerto Belgrano, en Buenos Aires. Me tocó todo lo que es armamentos y explosivos bajo el agua. Lo único que hacía todos los días era estudiar y practicar, armar y desarmar torpedos, bombas, minas, todas esas cosas", recuerda.
Tras un año de formación, donde fue entrenado por grupos comandos en acciones de desembarco y de abordaje de barco a barco, fue designado al destructor ARA 'Bouchard'. En los días previos al 2 de abril, estando en el puerto de Mar del Plata, su comandante les ordenó embarcar para dirigirse primero a Puerto Belgrano, donde recibieron la noticia de que iban a participar de una operación secreta para recuperar las Islas Malvinas. "Fue una alegría tremenda haber participado de esa decisión", cuenta.
Tras el éxito de esa operación y la rendición de los marines ingleses allí, las primeras tareas de Funes fueron minar sectores en Puerto San Carlos y Bahía Fox, incluyendo trabajos en tierra y en el mar, que consistían en sumergirse al mar helado con 250 kilos de explosivos en la zona del estómago. "Así hicieran 20° o 30° grados bajo cero, yo transpiraba igual".
A la par, se "preparaba mentalmente porque sabía que iba a ser muy duro, y lo fue. Fue muy duro, muy duro", recuerda, sobre todo cuando el 2 de mayo le tocó presenciar el hundimiento del ARA 'General Belgrano', a quien tras una fuerte explosión vio humear a lo lejos, y horas más tarde le tocó participar del rescate de los sobrevivientes, un relato crudo que puede resumirse con una de sus frases: "Tuve una hija que falleció hace un año, y la angustia que sufrí por ella tantas veces cuando estaba enferma es la misma que sentí cuando buscábamos a los argentinos. Todo el mundo buscaba con desesperación para avistar alguna balsa".
Cuando comenzaron a hallarlas, sus compatriotas "estaban heridos, otros muertos, y había que manipular todo eso y hundir balsas después". Uno de esos soldados murió en sus brazos: "Me dio una estampita para que se la entregara a su madre y me pidió que le dijera que él no había sufrido. Porque muchos de los que dieron la vida no querían que sus familias se enteraran de que habían sufrido. Allá no tenés gente que te acaricie la frente. No tenés a ese familiar o ser querido. No tenés a nadie".
Disgustado por el miedo que lo invadió, hizo un trabajo interno para descubrir el origen y concluyó que era el miedo de no volver a ver a sus seres queridos. "Me di cuenta de eso, que no querés morir por lo que te faltó vivir, por tus viejos, por una novia, por los hijos. Caí en la cuenta de que no me importaba dejar la vida, entonces le prometí a Dios que él hiciera con mi vida lo que quisiera. Que yo iba a dar hasta el último suspiro de mi vida ahí. Porque en el mar no te podés escapar". El valor en ese momento provino del Himno Argentino, cantado a capela por todos, que "te da una fuerza extraordinaria que sucede adentro. No es lo mismo cantar con música, donde nadie te escucha o no escuchas al otro. Es distinto, muy distinto", y se propuso pelear "por mis viejos, por mí, por mi San Luis querido, por cada árbol, cada piedra, y aprendí a valorar todas esas cosas, fue algo mágico, se te va el miedo, se te va el temblor de las piernas, del estómago".
La muerte no llegó para Funes y la historia de cómo concluyó el conflicto está escrita. Y a pesar de haber regresado a salvo con su familia, llegó a su tierra con un vacío. "El 2 de julio llegué a mi casa a las 06:00 de la mañana. Ese quizás fue el peor momento de mi vida porque me dio tanta vergüenza haber vuelto con una derrota a mi casa, tanta vergüenza, que le pedí perdón a mis padres por haber perdido, y ahí me largué a llorar, de vergüenza. Sé que hice todo lo que pude, di todo lo que tenía que dar, pero no alcanzó".
El veterano no mencionó si el tiempo curó esa herida, pero hoy, como tantos otros, trasmite su mensaje en las escuelas y donde haya personas dispuestas a escuchar su historia y la de sus compañeros. "Tratamos de enseñarle a los chicos que no es por nosotros, que tienen que luchar por ellos, con la palabra, siendo buenas personas. Defender la causa real que son esas vidas que quedaron allá, por geografía y pacíficamente por las Islas que nos corresponden. Hay que llevarlas a dentro". "Llevar conciencia de que nosotros estamos vivos, la pasamos, fuimos, hicimos lo que pudimos y otros no tuvieron la oportunidad de disfrutar la vida que les quedaba, y dejaron su sangre allá. Ellos merecen el respeto como ser humano pero sobre todo como argentino. Que los sigan recordando siempre. Ese es el legado más grande que podemos dejar".