Nicolas

Nicolas Ferreyra

Entrevista realizada a Nicolas Ferreyra

Por el trabajo de su padre, que era jefe del Correo, Nicolás Ferreyra nació en Caucete, San Juan, pero a los seis meses ya estaba viviendo en San Luis. Primero en Tilisarao, luego en Villa Mercedes, más tarde en Santa Rosa del Conlara y finalmente en Villa de Merlo. Se presenta como soldado de la clase 63, que estuvo fuertemente involucrada en la Guerra de Malvinas. "Había sido incorporado en febrero del año 82, y en la instrucción salió la posibilidad de hacer un curso, así que tuve la posibilidad de estudiar enfermería. Cuando comienza la guerra, todavía estábamos en el Hospital Naval Río Santiago, en La Plata, hacíamos guardia militar y estábamos al tanto de lo que estaba ocurriendo en Malvinas", comienza su relato. En junio recibieron la orden de abordar el rompehielos 'Almirante Irízar', que fue transformado en buque hospital. "Llegamos a Punta Alta, donde estaba esperando el buque, al que le estaban haciendo las modificaciones para hacer un buque hospital. Lo transformamos también nosotros, adecuándolo con camas, con distinto material para que sirviera como un buque hospital móvil", recuerda. Salieron en los primeros días de junio hacia las Islas Malvinas, justo para el combate final. "Las cosas que uno experimenta en la guerra son muy difíciles, porque creo que el ser humano tiene otra visión cuando ve películas. El hecho real es muy fuerte, es distinto. Hay cosas que hacer en la enfermería que nosotros no habíamos hecho nunca y que no figuran en los libros. Sin embargo uno va como inventando formas de ayudar al herido, ayudarlo hasta psicológicamente", asegura Nicolás, quien considera a cada soldado que trató como "una parte de su familia". "Los heridos, cuando llegaban, hacía 74 días que no se habían bañado. Entonces, cuando nosotros los ayudábamos a bañarse, nos contaban lo que habían vivido, lo que habían padecido, de sus sueños, esa fue la experiencia", agrega con dolor profundo. Jura que el vínculo entre los enfermeros todavía continúa, lo mismo que con algunos de los que trató por sus heridas. "Mediante las movilizaciones, pidiendo por nuestros derechos, ahí me he encontrado con gente que hemos podido ayudar, que hemos podido rescatar y regresar al continente. Y también en las presentaciones de libros he tenido la alegría de encontrar a soldados que vivieron nuestra experiencia en el rompehielos", reconoce. Ferreyra canalizó sus experiencias bélicas en la escritura. Con su primer libro, 'Hemos regresado', pudo sacarse de encima el peso de un sueño recurrente. "Desde que había vuelto de Malvinas, siempre soñaba con los soldados que nos llamaban, que fue algo real, nos llamaban a la noche pidiéndonos ayuda. Entonces, yo tenía esa pesadilla hasta que un año, justo en Semana Santa, tuve un accidente y empecé, gracias a la ayuda de un sacerdote, a elaborar el libro. Lo comencé un 8 de diciembre, se lo dediqué a la Virgen. Y, bueno, sirvió para borrar todos esos recuerdos de la pesadilla", cuenta con la voz quebrada. Luego publicó dos libros más: 'Vamos, hermano, vamos' y 'Malvinas: por los que quedaron, por los que volvimos'. "El hecho de haber podido escribir los tres libros es algo muy importante en la posguerra. A la mayoría de los soldados les costó, hablar sobre el tema. A mí también me costó", reconoce. La llegada a Puerto Argentino fue muy complicada para el 'Irizar', porque recibió 'fuego amigo'. "Los mismos ingleses se pusieron al lado de nosotros, y el Ejército les tiraba a los ingleses y nos pegaba a nosotros. Esas son las cosas de la guerra que muchas veces uno no cree, que no entiende. Cómo el ser humano puede llegar a volverse loco en la guerra, a hacer cosas que escapan de lo normal. Las situaciones que vive una persona en guerra son casi al límite", cuenta. Ferreyra dice que le gustaría "que se tome el tema de Malvinas con mucha más seriedad, que realmente se investigue sobre lo que fue Malvinas, que no sea un comercio porque, lamentablemente, también es eso. Muchas veces hay gente que ha estado en el conflicto, pero no llegó a estar en la guerra. Entonces, nosotros también sufrimos la falta de respeto por eso. Nosotros, además de haber estado en la guerra, sufrimos la posguerra. No hubo un acompañamiento del Estado, hubo incomprensión de la sociedad, porque no conseguíamos trabajo por haber estado en la guerra, porque tenían miedo de cómo habíamos regresado". Achaca estos problemas a la falta de hábito en cuanto a enfrentar una guerra de parte de la Argentina. "No había profesionales para ayudar a los veteranos. Los psicólogos, psiquiatras, debieron estudiar casos como los de Vietnam y el Golfo Pérsico para tratar de ayudarnos. Pero la guerra de Malvinas fue totalmente distinta a Vietnam, al Golfo Pérsico, a todo. Esta fue una guerra como todas las que hicimos por la Argentina, con lo poco que teníamos, pero con un gran corazón". Sobre el legado de Malvinas, asegura que "lo tiene que hacer la misma sociedad, charlando con nosotros, escuchándonos y tratando de recuperar Malvinas de otra forma. Malvinas es la Patria, Empezando a conocer más sobre Malvinas, vamos a empezar a ser más hermanos, más solidarios y mejores argentinos".