Carlos Aníbal

Carlos Aníbal Díaz

Entrevista realizada a Carlos Aníbal Díaz

Carlos Aníbal Díaz nació en la capital de San Luis y reside en La Punta desde hace 20 años. En noviembre de 1981 egresó de la Escuela de Suboficiales 'Sargento Cabral' como cabo de Ejército y su primer destino fue el Regimiento 6 de la provincia de Buenos Aires. El 1° de marzo se comenzó con las clases de instrucción a la clase 63 "y el 2 de abril nos encontramos con la sorpresa que habían tomado Malvinas. Fue entonces cuando nos empiezan a preparar para viajar a Malvinas y posiblemente íbamos a ser unas de las unidades que defenderían la Patria en el conflicto del Atlántico Sur". Resulta difícil para este veterano expresar en palabras lo que le dicta el corazón, pero en ese intento deja en claro lo difícil que fue para él llegar a las Islas Malvinas a recuperarlas y también lo doloroso que fue irse del archipiélago vencido, preso y con una familia que no sabía absolutamente nada de él. Al recordar su experiencia busca mantener una línea de discurso neutra, casi robótica, pero su lenguaje corporal denota una lucha constante por resguardar emociones que están a flor de piel. "El día 13 llegamos a Malvinas, mucho antes que el otro grupo y estuve tres días descargando víveres y vehículos que se iban a utilizar en la guerra", relata. Luego de pasar por diversas estaciones, al escuadrón de Carlos le ordenaron tomar posición cerca de Puerto Argentino, a unos tres kilómetros de la costa. Allí, con la incertidumbre a cuestas, el frío y la ansiedad por defender las Islas, Carlos permanece 15 largos días en los que debe hacer reconocimiento y finalmente ocupan posiciones al sur. El 1° de mayo, el veterano de guerra observó junto con sus compañeros cómo se acercaban unos barcos, aunque no terminaban de descifrar si eran buques propios o enemigos. "Cuando nos empezaron a tirar bombas nos dimos cuenta", explica y agrega que es así como comienza un enfrentamiento con bombas que llovían del cielo desde las 21:00 a las 04:00 de la madrugada. La misión de las embarcaciones británicas era destruir el aeropuerto, pero en muchas ocasiones los explosivos detonaban cerca del sitio que ocupaba Carlos. Durante la noche, entre las 21:00 y las 4:00, el fuego enemigo era propiciado por los barcos que merodeaban la zona. De día, llegaba el turno del fuego aéreo. La única constante era la pesadilla que vivía Carlos junto con sus compañeros. Fue en esos momentos crueles donde el terror se apoderó de Carlos y los demás veteranos. "Ahí fue cuando empezamos a tomar conciencia de lo que estaba pasando. El 14 al mediodía nos avisan el cese del fuego". A Carlos se le quiebra la voz cuando recuerda su regreso a la Patria que lo vio nacer. "Nosotros volvimos en el Bahía Paraiso y llegamos primero a Rio Gallegos, luego de ahí a Palomar y luego a Campo de Mayo". Tras 15 días sobreviviendo en esas circunstancias, al veterano le tocó caer preso de la armada inglesa. Aunque no desea ahondar en ese aspecto, resalta que al regresar a territorio argentino tuvo que someterse a un psicotécnico particular para evaluar su estado mental. En la mente de Carlos pesaba el hecho de saber que no se podía comunicar con la familia "no sabían si había llegado. Todo el proceso de volver duró casi un mes. A mi familia le envié un telegrama avisando que estaba bien, pero hasta que no me vieron, no lo creían", señala. En este punto de la historia, es cuando los recuerdos invaden la mente de este sanluiseño de pura cepa, que dispara: "yo no era consciente de lo que había pasado, de cómo se había vivido en Argentina, estaba en otro lugar", señala mientras se emociona ante las cámaras. Los años pasaron, fue difícil reinsertarse en una Argentina turbulenta donde a los veteranos se los ignoraba o se los observaba de reojo. Pero Carlos salió adelante y contó con la familia para contenerlo y soportar la pesada carga que había dejado la guerra. En la actualidad, Carlos pregona revalorizar los símbolos patrios como un todo que debe unir al país. Muestra frustración al describir cómo muchos chicos en las escuelas ya no cantan el Himno o miran para otro lado durante el izamiento de la Bandera y lucha constantemente "para que llevemos la Patria en el corazón". Finalmente, Carlos se refiere a las sensaciones encontradas que afloran en su alma cuando llega el 2 de abril, una fecha que tiene un significado particular, como una jornada en la que "el pueblo reconoce a los verdaderos veteranos, a los que quedaron en las Islas".