Oscar Agustín

Oscar Agustín Centurión

Entrevista realizada a Oscar Agustín Centurión

Oscar Agustín Centurión estuvo a días de evitar la guerra, pero el destino quiso que no fuera así. En 1982, a un mes de recibir la baja y volver a su hogar, el soldado conscripto fue asignado al portaaviones ARA '25 de Mayo' para ir al conflicto de Malvinas, donde lo pusieron a operar un cañón que nunca había tocado. Si bien no sufrió lesiones físicas, aún vive con la herida abierta por el rechazo de la sociedad al volver y el desconocimiento de las propias Fuerzas Armadas por lo que hicieron en las Islas. En 1980, cuando salió sorteado para hacer el servicio militar obligatorio, Centurión vivía en la localidad de Morón, provincia de Buenos Aires. Meses después, el 2 de abril de 1981, se sumó al Centro de Incorporación y Formación de Conscriptos de Marina Campo Sarmiento, en Punta Alta. Tras 54 días de instrucción fue designado al portaaviones ARA '25 de Mayo' para asistir al comandante en sus tareas diarias. "Nos tenían para hacer servicio doméstico. Todo el año estuvimos ahí. Salíamos a navegar, a hacer instrucciones y eso era todo hasta el año '82. El servicio militar era de 14 meses, teníamos que cumplirlos y después ya nos daban de baja", dice, y recuerda que le restaba solo un mes para esa fecha. "Volvimos a puerto el 24 de marzo. No sabíamos porqué. Estábamos todos contentos porque me faltaba un mes más y me iba a mi casa, terminaba con el servicio militar, pero se corrió la información de que se habían cortado todas las licencias y los pases. Dieron la orden de que teníamos que descargar todo lo que no usábamos en el barco, ropa y todo lo que no se iba a usar. Yo no entendía nada y lo primero que pensamos es que era un problema con Chile ya que en el 78 había habido un conflicto", relata. "Cuando salgo al reducto del barco veo a todos los infantes a punto de embarcar en el Cabo 'San Antonio' que era un buque de la Armada. Empezaron a llegar camiones con armamento, con aviones porque el portaaviones cuando navegaba no salía con aviones y sí se incorporaban al día siguiente", comentó Centurión. Recién el 27 de marzo se les informó sobre la Operación 'Rosario', de la recuperación de las Islas Malvinas, hacia donde zarparon el 28 de marzo a las 4 de la tarde. Con la Bandera Argentina flameando en el archipiélago, y tras un aprovisionamiento en el continente el 2 de abril, el '25 de Mayo' operó brindando ayuda aérea. "Durante todo el servicio militar habré tirado cinco tiros. Y así nomás, de repente, me pusieron en un cañón. Todo el año pasaba por al lado del cañón pero nunca tuve contacto, no hicimos práctica con nada, y en una semana nos instruyeron para operarlo. Yo era segundo proveedor derecho", cuenta y aclara que proveía municiones a otro soldado que cargaba el arma. El 19 de abril, en las frías aguas del Atlántico Sur, Oscar cumplió 19 años. El 1° de mayo, la flota que integraba el portaaviones se dispuso a atacar a la flota británica, pero la falta de viento, inaudita para la zona, impidió que los aviones bombarderos despegaran. El grupo de navíos se dispuso a regresar pero el 2 de mayo, el submarino nuclear 'HMS Conqueror' los atacó y hundió al crucero ARA 'General Belgrano'. "Tuvimos casi una semana a un submarino inglés atrás, buscándonos y al final se nos dio la orden de patrullar y no entramos más en las 200 millas marinas", pero finalmente permanecieron a salvo hasta el final de la guerra. Finalizado el conflicto, el recuerdo de sus padres revive la emoción en Centurión. "Cuando volvimos, me escapo del barco y me voy a mi casa y cuando me vio mi mamá comenzó a llorar. Mi mamá italiana, había estado en la guerra, por eso tenía ya una vida sufrida. Cinco meses antes habíamos perdido a mi hermano en un accidente. Me había tocado la muerte de mi hermano, la colimba y la guerra", recuerda. El 14 de julio Centurión volvió a su casa en Morón con el estigma de todos los que fueron a la guerra. Afortunadamente, un contacto de su padre le consiguió trabajo en la Marina Mercante y pasó años viajando por el mundo con un trabajo estable, pero nunca mencionó Malvinas "porque no nos daban trabajo, éramos los loquitos de la guerra". "Nosotros habíamos perdido la guerra. No era un reconocimiento, sino rechazo. Y más nosotros los conscriptos. ¿Por qué? Porque cuando nos dieron de baja pasamos a la vida civil, y la sociedad nos veía a nosotros como militares. Para el militar nosotros éramos civiles y para los civiles nosotros éramos militares. Quedamos en la nada y así estuvimos desde el 1982 hasta 1991, cuando empezamos a agruparnos. Al tener contacto con muchos veteranos empezas de nuevo a ver toda la memoria, y ver compañeros, amigos, a recordar a compañeros y amigos que perdí en el crucero 'Belgrano', cuando íbamos a buscarlos a sus casas y no los encontrábamos". Hoy Oscar no da charlas, pero opina que malvinizar es la herramienta para que las generaciones venideras puedan recuperar las Malvinas mediante el reclamo pacífico. "Estoy orgulloso de haber estado", menciona en alguna parte de la entrevista, que termina con la siguiente frase: "El legado de Malvinas es que no nos olviden. Y que no olviden a los 632 que murieron. El legado tiene que ser constante para esa gente que dio la vida. Nosotros juramos la Bandera y si era necesario, dar la vida. Y lo hicimos".