Inocensio Carpio
Entrevista realizada a Inocensio Carpio
Inosencio Carpio nació y creció en una isla cercana a Goya, Corrientes, en una familia de agricultores. Agradece haber podido cursar sus estudios primarios y luego secundarios mientras vendía naranjas y ayudaba con las tareas rurales. Quizá por eso pensó en estudiar veterinaria, un proyecto que fue eclipsado totalmente por la vida militar y el servicio obligatorio que, de a poco, lo conquistó. Con el correr de los años forjó una sólida carrera hasta retirarse como teniente coronel dentro de la Artillería del Ejército Argentino. No fue una misión ni una decisión sino el destino quien lo puso a defender la Patria en el conflicto del Atlántico Sur, un acto del que se enorgullece y por el que, asegura, estaba dispuesto a dar la vida. Irónicamente, al regresar se enteró que lo habían dado por muerto y tuvieron que tramitar, por así decirlo, su resurrección.
Cuando terminó de cursar la escuela secundaria, una tía que vivía en Buenos Aires le ofreció pagarle sus estudios universitarios y que se mudara con ella. A los 20 años dejó su tierra natal y viajó a la gran ciudad para anotarse en la facultad de veterinaria. Lamentablemente ese proyecto quedó trunco, ya que en la institución le avisaron que, al no haber pedido prórroga en el servicio militar obligatorio, debía cumplir ese requisito antes de comenzar su etapa académica.
Su tía, peluquera, gestionó un contacto en el Liceo Militar y comenzó a formarse como oyente. Con orgullo, cuenta que, llegado el examen final, quedó en séptimo puesto de entre mil aspirantes y apenas 300 vacantes de ingreso. "No podía creerlo. Entré becado al colegio militar, y ahí siguió mi derrotero dentro del colegio los cuatro años hasta que me recibí", recuerda.
Por decirlo de alguna manera, el chip militar ya estaba activado: "La misma instrucción, la misma disciplina, crea un compañerismo que te lleva. En ningún momento me puse a cuestionar si era lo que me gustaba o no me gustaba. Sabía que tenía que estudiar y recibirme. No podía ponerme a pensar si me gusta. Y eso fue todo".
En diciembre de 1977, Carpio egresó del Colegio Militar de la Nación y su primer destino fue San Luis, como oficial instructor de batería del Grupo de Artillería de Defensa Aérea 141.
En febrero de 1980 lo trasladaron a Piedra Buena, en Santa Cruz, para crear un nuevo grupo de artillería, y dos años más tarde fue reasignado al Grupo de Artillería 101 en Junín, Buenos Aires. Pero apenas pasó dos meses allí, porque el 2 de abril, con la noticia de la recuperación de las Islas Malvinas, fueron movilizados nuevamente a Piedra Buena.
Estallado el conflicto en el archipiélago precisaban de cañones de mayor alcance para repeler el fuego enemigo desde las costas, por lo que el grupo de Carpio envió dos cañones de 155 milímetros con un rango de tiro de 25 kilómetros. "Pero cuando llegaron allá, una esquirla reventó una rueda y no tenían rueda de auxilio. No habían llevado un transportador de alcance y deriva, que es el que maneja el tiro, y así un montón de elementos. Entonces, una noche vino un capitán y me dijo 'Carpio, usted que conoce la ruta hasta Comodoro, se va ya en la camioneta del jefe y cargue con el cabo primero Gioia, y lo ve al general Herrera, personalmente. Pide hablar con él, le entrega estos elementos y se viene".
Emprendió el viaje a las 23:00 de la noche, sin siquiera sus elementos personales porque "en la camioneta no cabía ni un alfiler", y sin saber que su travesía sería más larga de lo que imaginó.
El veterano y su acompañante llegaron a la base de Comodoro Rivadavia a las 10:00. El superior con quien se reportó le recriminó que, junto con las armas, debía cruzar a la Isla un suboficial a cargo, así que recibió la orden de abordar un avión 'Hércules', con la ropa que tenía puesta. Tras dos intentos fallidos de aterrizar en Puerto Argentino, Carpio finalmente pisó las Islas a fines de mayo, sólo para llevarse otra sorpresa: entregó los repuestos y, al pedir un avión para regresar el superior a cargo le dijo "¿Usted está loco? Desaparezca de mi vista. No lo quiero ver", comentó entre risas.
Y así, de repente, pasó a formar parte de las filas que defendían el aeropuerto en Puerto Argentino. "Fui ocupando varios puestos durante todo el conflicto. Cumplía órdenes, pero no tenía un rol de combate específico, sino que era un comodín. Eso hasta el 14 de junio, a las 10:00 aproximadamente, que se da por finalizado el conflicto".
Esa misma noche, los comandos británicos los movilizaron hacia la zona del aeropuerto y luego los embarcaron en lanchones hasta el buque inglés 'SS Canberra', que tras cuatro días de navegación atracó y los liberó en un puerto en Trelew. Luego abordó un avión hacia Buenos Aires donde, otra vez, se llevó una sorpresa: "Regresé con todos los soldados, eran 24 aproximadamente en la unidad. Me bajé del colectivo, yo era el más antiguo, y me presenté con un coronel que estaba ahí. Dije 'buenas noches mi coronel, teniente Carpio, regreso de Malvinas con el personal, sin novedad', y él me dice '¿Y usted qué hace acá? Usted está muerto'. Ahí me enteré que me habían dado por muerto".
Con el correr de los días, el veterano hiló lo que había sucedido: cuando el cabo primero Gioia, que lo acompañó a Comodoro Rivadavia con el equipamiento, emprendió el regreso a Piedra Buena, la camioneta se averió y quedó varado. Sus superiores en la base dieron con él días después, pero cuando llamaron a la base en Comodoro les informaron que Carpio había viajado a Malvinas. A la par, un avión 'Hércules' había sido derribado antes de llegar al archipiélago, y sin registros claros de cuál aeronave había abordado "dijeron murió Carpio. El cura Alfaya, que me conocía por todos los años, se mandó una misa que Dios mío", recuerda.
Hasta que lo revivieron, por así decirlo, pasó cinco días aislado en una habitación del Casino de Oficiales de la Escuela de Suboficiales del Ejército 'General Lemos'. "Después tuve unos días de franco, y me fui a Goya a visitar a mis padres y decirles que había regresado de Malvinas. Ellos no sabían nada, o sea, por suerte no tuvieron la preocupación", agradece.
En 1983 el veterano se casó y tuvo tres hijos, que se criaron en San Luis. En los años que siguieron tuvo otros destinos hasta regresar a suelo sanluiseño y pedir el retiro voluntario en 2001. "Entré por la puerta grande del Colegio Militar y me fui por la puerta grande. Hay otros que he visto que se fueron resentidos con el Ejército. Yo no puedo decir nada, al contrario, todo lo que tengo se lo debo al Ejército. Después del hambre y sus circunstancias, me ha pasado de todo, pero bueno, yo no tengo rencores con nadie", sostiene.
Sobre sus vivencias y sentires durante la guerra, es tajante: "Uno se prepara para defender a la Patria, y está la guerra, que es el último eslabón de la política. Cuando ya no hay más política comienza el conflicto y uno está preparado para cumplir esa función".
"En ningún momento yo me cuestioné si tenía que dar la vida. Eso es lo que tenía metido en el corazón. Nunca me cuestioné la orden de si tengo que seguir, me voy, esto no es lo mío, no. Yo tenía que cumplir las órdenes porque estaba cumpliendo, defendiendo a mi Patria".
Y aclara: "Ante el peligro, cada uno de nosotros va a reaccionar totalmente diferente. Está el que ríe, el que llora, el que canta, el que reza. Me siento satisfecho de haberme preparado y haber defendido lo que se me enseñaba, la Patria".
Hoy, tras décadas de silencio como él mismo menciona, ofrece charlas en cada institución que sigue la corriente malvinizadora y aboga para que el pueblo argentino recupere su identidad patriótica.
"Me gustaría que se continúe con esta educación malvinera, con concientizar a los chicos. Porque una persona de 60 años ya tiene su concepto, pero sí concientizar a la juventud sobre la causa Malvinas. No renunciar a lo que era. Es complicado, pero hay que seguirla"; "Aporta para no perder la causa ni que las vidas que se han perdido sean en vano. Que se continúe con este periodo de ir malvinizando, de forma tal que quede en la sociedad, en los pequeños, la causa Malvinas", desea.
Como legado, Carpio quisiera que su experiencia y la de todos los veteranos aboguen a que haya "un ser argentino, un ser argentino verdadero. Que defendamos todo nuestro territorio y nuestra forma de vida. Que no nos quieran imponer de afuera otras políticas".