Leonardo Carmona
Entrevista realizada a Leandro Carmona
Leonardo Carmona nunca se había subido a un avión, de ningún tipo, pero en su adolescencia su sueño era uno solo: convertirse en piloto de combate. El apoyo de sus padres y su personalidad tenaz lo llevaron a cumplirlo y, años más tarde, le tocó atacar objetivos enemigos en el conflicto por las Islas Malvinas. Hoy vive en Villa Mercedes como un puntano por adopción junto a su familia y, al igual que sus compañeros veteranos, aboga por dejarles un legado a las nuevas generaciones sobre la historia de la guerra; pero, sobre todo, para dejar un mensaje de paz.
"En la secundaria recuerdo que me gustaban mucho los aviones, con la anécdota de que yo no había volado nunca hasta el día en que volé por primera vez en la escuela de aviación militar, ya haciendo el curso de aviador de combate, sin ninguna experiencia ni siquiera como pasajero de avión, ni turista", contó el brigadier retirado.
"Era muy difícil porque no todos podríamos tener la oportunidad de volar, no sabía si de una u otra forma yo me iba a adaptar a ser piloto, porque una cosa es querer ser piloto y otra realmente es hacerlo, pero desde muy chico tenía esa idea. El apoyo de mis padres fue clave para lograrlo", expresa emocionado el veterano.
Como una añoranza, el piloto recordó cómo fue subirse por primera vez a una máquina que lo puso en un entorno hasta ese momento desconocido para él, el aire y el estrés que le provocaba la idea de equivocarse en alguna maniobra. Pero eso no ocurrió, y tras especializarse en pilotear los aviones de combate 'A-4B' se supo listo para lo que finalmente sucedió: en un desayuno como cualquier otro en la base de la V Brigada Aérea, le llegaron los rumores de que el país estaba inmerso en un conflicto armado, había recuperado las Malvinas.
"La Fuerza Aérea nunca había entrado en combate y nuestros instructores, los jefes de escuadrón, no tenían experiencia, lo mismo que nosotros, que éramos los más jóvenes y menos experimentados. Era un signo de interrogación para todos los niveles y la Fuerza Aérea se puso a prueba en todo lo que habíamos sido adiestrados. Fue mi bautismo de fuego", recordó.
"Cuando uno estaba a la espera, antes de embarcarnos, teníamos miedo porque no sabíamos con qué nos íbamos a encontrar. Era todo o nada. Llegado el momento era todo o nada. Lo que nos llevaba adelante era el convencimiento personal, de todo mi grupo y de la Fuerza Aérea en general, de que teníamos que volar, de que estábamos capacitados, que no podía hacerlo otro; convencidos de realizar las salidas y de una u otra forma devolver lo que el Estado había invertido en mí. En ese momento me sentía con una responsabilidad hacia todo el pueblo, no me pasaba nada más por la cabeza que cumplir con mi tarea", sostuvo con firmeza.
Carmona dio detalles de las cinco misiones que tuvo a su cargo, con todo lo que ello implica. En dos de ellas llegó al blanco y en las otras tres, por problemas técnicos o por cuestiones operativas, no se hicieron. En su memoria quedaron grabados los días 21 de mayo y 8 de junio, "el día más negro de la flota, donde la Fuerza Aérea tuvo un éxito importante, pero a la vez las mayores bajas", recordó.
La Fuerza Aérea actuó prácticamente todos los días, a excepción de algunos en los que no se operaba por cuestiones climáticas. "El 8 de junio fue uno de los días más importantes, cuando pude participar de una misión y llegar al blanco en Bahía Agradable la flota de Inglaterra lo recuerda por el ataque que tuvo, pero luego de los cuatro aviones nos derriban tres y mueren los tres pilotos. Si bien eran pocos minutos los que estábamos sobre el lugar, ellos defendían mucho. Inglaterra nos tenía mucho respeto, no nos podían evitar completamente y una vez que pasaba esa defensa, ellos quedaban expuestos".
En lo que duró la guerra ejecutó varias misiones, algunas exitosas y otras no, al tiempo que se enteraba de las bajas de compañeros en tierra y de otros pilotos. Aún así, la preparación y el sentido del deber disipaban sus temores.
Terminada la guerra, la vida de Leonardo Carmona siguió su cauce. "Internamente me sentía muy complacido, porque había vuelto, estaba vivo, había participado de la guerra. Sabía que de alguna forma y en algún momento, mi esfuerzo iba a ser valorado, que la Fuerza Aérea, gracias a los que estuvimos, tuvo su bautismo de fuego".
"Fue un hecho que me hizo madurar, pero hubo que ir regulando porque a veces uno creía que seguía en la guerra y, entre comillas, que uno era intocable porque estaba para contarlo. Me costó aterrizar en la vida normal, cotidiana, entender que eso fue un momento de la historia, de mi historia, pero que la vida continuaba. Fue un trabajo de años, pero me quedó el recuerdo y la historia, que cuento cada vez que tengo posibilidad".
"Sé que a otros la guerra los puede haber afectado de otra forma y a mí no me afectó psicológicamente. Yo no viví de cerca la muerte de otro compañero. Me costó aterrizar, pero fue un aterrizaje normal", cerró el veterano.
"La guerra es algo que a nadie se lo deseo, pero llegado el caso hay que enfrentarlo. Hoy tenemos la posibilidad de defender nuestra Patria no solo en guerra si no en cada una de las actividades que realizamos sin traicionar nuestros principios. Debemos estar comprometidos siempre", cerró Carmona.