Carlos Eduardo

Carlos Eduardo Cachón

Entrevista realizada a Carlos Eduardo Cachón

Si bien tenía el anhelo de convertirse en médico, porque un tío de su madre le había contagiado su profesión, el capitán de la Fuerza Aérea Carlos Eduardo Cachón recuerda una anécdota de la infancia que liga con su ingreso a las fuerzas armadas, que asegura fue fortuito. Siendo niño, en un campo que su padre cuidaba en el partido de Lobería, en la provincia de Buenos Aires, se escabulló para ver de cerca a un avión fumigador, que terminó rociándolo con pesticida. Mientras su madre lo aseaba, él le dijo 'yo de grande quiero volar uno de esos', y ella le contestó que debía estudiar mucho. El destino finalmente lo forjó como piloto de caza de la V Brigada de Villa Reynolds, desde donde partió, en 1982, a la Guerra de Malvinas. Agradecido de la provincia que lo abrazó, hoy aboga por malvinizar en las escuelas desde los primeros niveles e insiste en que la Patria es la geografía completa de nuestro país, y que no se puede defender lo que no se conoce. En 1971, con 17 años y tras haber terminado el secundario, Cachón decidió acompañar a un amigo, Jorge Arroyo, a rendir a la Escuela de Aviación en Córdoba.Por algún motivo él también hizo todos los trámites y papeleo y, para su sorpresa, Arroyo reprobó y él ingresó. "Fue un hecho fortuito", cuenta, y ríe. Sin estar convencido de lo que hacía, el veterano recuerda que un capitán lo fue guiando y enamorando de la vida militar. "Se convirtió en una pasión y en una forma de vida. Terminé los cuatro años de formación, después hice el curso de piloto y después fui a Mendoza, a Plumerillo, a hacer la escuela de aviación de caza", relata. En esos años se puso de novio, luego contrajo matrimonio y en 1978 le dieron el pase a la V Brigada Aérea, en Villa Mercedes, donde nacieron todos sus hijos. "Al final nos terminamos encariñando tanto con este lugar que ahora no nos podemos separar de acá", confiesa. El 2 de abril de 1982 Cachón volvía en bicicleta a su grupo aéreo cuando comenzó a escuchar marchas militares. El oficial a cargo, Ignacio Domínguez, le dijo que habían tomado Malvinas y él creyó que era una broma. Cuando cayó en la cuenta de que no era así, con sus compañeros comenzaron un arduo estudio para atacar objetivos navales y no terrestres, en lo que los habían entrenado. Durante el conflicto del Atlántico Sur su compañía hizo base en Río Gallegos y luego en Puerto San Julián, ambas en Santa Cruz, desde donde despegó en varias misiones para atacar al enemigo sabiendo que la probabilidades de que los derribaran eran altas. Con cierta liviandad, redujo su función a la frase "nosotros teníamos que llevar la bomba y dejarla en su objetivo, nada más", y reivindica a todo el equipo de mecánicos y técnicos que trabajaban día y noche, con temperaturas bajo cero, para que ellos pudieran volar. También repite una y otra vez la admiración por quienes estuvieron en las Islas, cuyo clima hostil conoció en 2009 cuando tuvo la posibilidad de visitarlas. "Uno no se imagina lo que es estar ahí. Ellos estuvieron permanentemente atacados por el medio ambiente, no solo por el enemigo", sostiene. El veterano no habla de bajas y muerte; sí de los aviones que perdieron, de cómo regresaban de las misiones ametrallados y del heroísmo de quienes dejaron su vida en aquellas tierras. Después de Malvinas Cachón fue trasladado a Tandil, donde pasó un año y medio piloteando aviones 'Mirage' hasta que pidió la baja y se mudó a Mar del Plata, donde comenzó a trabajar como bancario. "Soy inmensamente agradecido a la Fuerza, a la Patria, al pueblo y a todos. Como ciudadano y como veterano de guerra agradezco el reconocimiento de los ciudadanos simples, que son invaluables. Lo palpo porque me dedico a dar charlas en las escuelas de todo el país y los chicos chiquitos, de 10 a 12 años, algunos más grandes, los celadores, los docentes dan cuenta del cariño que tienen por los veteranos de guerra. Y eso es invaluable", destaca. "El sentido de la malvinización, desde mi punto de vista, es empezar con la parte más baja de las escuelas. Ahí hay que malvinizar porque el chico que aprende, que conoce y a quien uno le explica dónde están las Malvinas, lo que pasó allí y cuál es nuestro reclamo, no se lo olvida jamás", resume. Su legado, es que la pelea por las Islas usurpadas en el Atlántico Sur "tiene que ser una pelea de la cultura, de acompañar muy de cerca a las Fuerzas Armadas".