Daniel Cabrera
Entrevista realizada a Daniel Cabrera
Daniel Cabrera nació en la provincia de San Juan, pero el trabajo lo llevó a formar su familia en San Luis. Solo tenía 17 años recién cumplidos cuando ingresó a la Armada de la República Argentina porque no tuvo otra opción para llegar a ser un profesional. Su especialidad era la mecánica porque eso fue lo que estudió.
"Hace 44 años no teníamos la posibilidad de terminar una escuela secundaria como ahora y mis padres no me podían brindar una educación superior. En ese momento había mucha publicidad sobre las Fuerzas Armadas porque te daban la posibilidad de estudiar, tener un título, una profesión. Pero como muchos contemporáneos míos, de distintas partes de Argentina optábamos por esa opción, la cual era acceder a un estudio y salir con una profesión", contó.
Cabrera esperaba hacer un curso de tres años sobre radar eléctrico y ser destinado a alguna base. Finalizó sus estudios a principios de 1981 y logró especializarse en la electrónica y reparaciones de radares. Teóricamente estaba preparado para arreglar cualquier desperfecto eléctrico de barcos, pero jamás para lo que vivió después.
"Me destinaron a un barco que después pasó a ser el destructor ARA 'Py'. Era de la Segunda Guerra Mundial remodelado y reacondicionado para salir a navegar. La flota de mar salió en marzo y nosotros nos enteramos que íbamos a la guerra el 2 de abril a las 08:00 de la mañana. El comandante nos reúne a todos dentro del barco, éramos 360 tripulantes, y nos cuenta lo que había pasado a la medianoche. La mayoría no sabíamos a dónde íbamos ni qué íbamos a hacer", explicó Cabrera.
Cabrera junto a sus compañeros cumplían el rol de electrónicos de comunicación, sonar y de radar. Todos tenían alrededor de 20 años y estaban constantemente de guardia encerrados en el barco cumpliendo sus funciones.
Nadie les permitía escuchar ni les comentaba lo que estaba pasando afuera. Así que, como jóvenes curiosos, sin dimensionar que estaban viviendo una guerra, escondieron una radio que sintonizaba un programa de Uruguay. De esa forma, se enteraron del ataque más cruel que vivieron los soldados argentinos: el hundimiento del ARA 'General Belgrano'.
"Nosotros la vivíamos como algo novedoso, nada más, pero no peligroso. O sea, no tomamos la dimensión de lo que era. Es más, nosotros teníamos una radio y la poníamos a escondidas. Lo único que podíamos sintonizar era la Radio Carmen. Y a través de ella nos enteramos de lo que estaba pasando y cuál era la dimensión del conflicto. A las 4:30 de la madrugada del 3 de mayo escuchamos que habían hundido el 'General Belgrano'. Fue muy chocante, era imposible. Lo vimos y era una mole de acero que era imposible de ser atacada. Casi 200 metros de largo, con todo el poder de fuego, con toda la artillería que tenía incorporada. Creo que fue un golpe psicológico muy grande para toda la Armada, porque los que habíamos estado en Puerto Belgrano, podíamos decir que era una mole tan grande, tan impenetrable, y la única parte vulnerable que tenía era por debajo del agua".
Y aunque no participaron de la batalla activamente, navegaron a su alrededor y vivieron en carne propia lo que iba dejando a su paso la guerra de Malvinas. "También supimos lo que era el horror cuando escuchamos el ataque que sufrió el 'Aviso Sobral'. Siento que era un buque muy chiquito, que iba a una misión humanitaria y a rescatar a unos pilotos de avión que había sido derribado por un helicóptero inglés. Nosotros fuimos al encuentro de ese barco para traerlo desde el continente hasta Puerto Deseado y es una imagen que todavía la recuerdo, porque uno de los que murió era compañero mío en la Escuela de Mecánica", dijo el exmarino.
Aunque el conflicto terminó el 14 de junio, Cabrera continuó navegando un mes más porque tenía que finalizar el contrato que había firmado por seis meses con la Marina. "Seguimos navegando hasta después del 20 de julio, fecha en la que los conscriptos juraron la Bandera en Puerto Deseado. Luego, volvimos a Puerto Belgrano y recién tuve vacaciones", dijo.
También, reflexionó sobre su ingreso a las Fuerzas aunque el fin de su carrera fue cuando terminó la guerra. "Todos sabemos que cuando entramos a las Fuerzas Armadas, nos preparan para eso, pero una cosa es el ejercicio y otra cosa es la realidad, como nos tocó en el 82. Nosotros creíamos que estábamos preparados, pero resulta que no fue así. Si bien hay muchos profesionales que dieron todo, todo lo mejor, pero donde estábamos, en las unidades que estábamos, creo que no estábamos preparados para un conflicto", aseguró.
Días antes de que terminara la guerra, la información no era confidencial y se lograba percibir una realidad caótica y triste para el país. "Creo que fue un alivio, tanto para los que estábamos lejos, nosotros en un barco, los que estaban en el continente y los que estaban en la isla misma. Creo que fue un alivio muy grande, terminar ese horror. Como te dije, te preparas para una guerra, para una eventual guerra, pero cuando llega el momento es totalmente distinto", reflexionó.
Pasaron más de 40 años y Daniel defiende la Patria de una manera distinta, tratando de contar su experiencia para que el día de mañana, Malvinas sea recordada "por todos los compañeros que quedaron en esas tierras". "Tratamos de relatarles a los chicos puntualmente lo que pasó, lo que se vivió, para que eso quede grabado en ellos. Ésa es una forma de malvinizar, para que no se pierda todo eso. Porque después que no estemos nosotros, no sabemos qué puede pasar. Seguro van a recurrir a los libros, pero ahora tienen la oportunidad de preguntarnos, de consultarnos y que nosotros les podamos responder. Creo que el relato de primera mano llega más que a través de una lectura", dijo.
Cabrera toma su experiencia como un legado y sabe que fue una guerra inútil: "no ganó nadie", dijo con tristeza en sus ojos. "Creo que contar lo que pasó es un granito de arena que estoy aportando a lo que fue la Guerra de Malvinas, donde nos involucraron sin consultarnos. Fue una idea descabellada que involucró a más de 40.000 personas y no ganó nadie, creo que perdimos todos", cerró.