Graciela

Graciela Caballero

Viuda de Jorge Irusta, ex Combatiente de Malvinas

Entrevista realizada a Graciela Caballero, viuda de Jorge Irusta

El suboficial auxiliar Jorge Rubén Irusta ingresó a la Fuerza Aérea por vocación. Estudió en la Escuela de Artes de Oficio de Villa Mercedes, luego partió a la Escuela de Suboficiales en Buenos Aires y finalmente se recibió de operador de torre de control en la V Brigada de Villa Mercedes, uno de los mejores de su camada, recuerda su viuda, Graciela Silvia Caballero. "Lo hizo con pasión porque le gustaba. Estaba súper feliz con lo que hacía, pero nunca esperamos lo de Malvinas", lamenta, inundada de emociones. 'Nacho', como lo apodaban, regresó del conflicto con problemas físicos y mentales de los que nunca pudo recuperarse y que, de a poco, desgranaron a su familia. Sin apoyo del Estado, ser tratado como correspondía, murió el 11 de marzo de 2005 preso de afecciones que nunca lo abandonaron. "Él ya tenía problemas, pero Malvinas lo destruyó y nadie nos ayudó", lamenta su viuda, que se esforzó por ser el apoyo y sostén que el veterano necesitaba hasta que su condición, que se fue agravando, la superó. En marzo de 1982 Jorge tenía 31 años. Su hija Melisa tenía 2 años y su hijo Sebastián dos días de vida. "Era uno de los mejores operadores de la V Brigada, y cuando ocurrió lo de Malvinas lo eligieron a él ahí nomás para irse. Recuerdo que estaba sentado en la vereda y le dijeron 'Nacho, tenés que ir a Malvinas para una misión diplomática' que no tenía nada que ver con la guerra, pero era todo mentira". Eso ocurrió el lunes 29 de marzo. El sufrimiento fue doble porque Graciela tenía un hermano que había sido sorteado para el servicio militar obligatorio y que fue destinado a Comodoro Rivadavia a la espera de ir a la guerra. Si bien no ocurrió en ese caso, la mujer tuvo que ser el soporte de su madre, de sus hijos y el propio. Cuando regresó de la guerra ni Irusta ni sus compañeros tuvieron el recibimiento que merecían. "Se fue sin canas y volvió con el pelo largo, canoso, alcohólico y al poco tiempo sufrió atrofia cerebral. Tuvimos que irnos solos en avión al Hospital Aeronáutico en Buenos Aires, donde tampoco nos esperó nadie", recuerda con dolor. Tras varias semanas de tratamiento, los profesionales la citaron y le dijeron: "Mire señora Irusta, su marido no tiene vuelta atrás. Lo puede dejar internado o se lo lleva… pero se lleva una bomba de tiempo porque está con atrofia cerebral", y ella decidió regresar con él a Villa Mercedes. "Eso me hace sentir mal porque a lo mejor, si lo hubiese dejado internado no me hubiera tocado pasar todo lo que pasé y pasamos", dice y llora. Jorge siguió en tratamiento psiquiátrico, pero no mejoró y comenzaron a suscitarse en el hogar situaciones por las que Graciela sintió que ella y los niños estaban en peligro. El pesar es tanto que la mujer relata verborrágicamente sucesos que es mejor no repetir y que queden en la intimidad de su historia. Lo cierto es que ella, en su afán por ayudar a Jorge se instala en Buena Esperanza y abre una peluquería para trabajar los fines de semana y contar con el dinero para pagarle al psiquiatra. Pero lo que sufría Irusta era inevitable y no tenía cura. Las situaciones traumáticas fueron de menor a mayor y se volvieron incontrolables. Pero más allá de todo lo que vivió Graciela, el recuerdo de su marido se mantiene y entiende que lo vivido lo marcó para siempre. "Él se fue tranquilo porque iba a hacer algo diplomático e iba a volver ahí nomás, no iba a haber conflicto. Imaginá todo lo que pasó allá, el frío, la angustia de no tener comunicación con tu familia… tengo una carta que le mandé y que no sé si recibió, porque cuando vino no habló nada. No contaba nada, no hablaba de eso". "Él fue a luchar por una causa, por su tierra. Por tener un hijo de dos días podría haberse negado, porque muchos no fueron y se quedaron acá. Pero él fue uno de los primeros en irse y uno de los últimos en volver. Estaban ahí para morir en Malvinas", remarca Caballero. Entre líneas, concuerda que ése fue el legado de Jorge. También quiere dejar el suyo en un libro que relate "el antes y el después de Malvinas. Cómo se vive el después. Cómo se sobrevivía después. Cómo hace para tener fortaleza ¿entendés?". Y apela por malvinizar para que la historia de los soldados, de sus familias y de la guerra no se olvide: "Tenés que ser patriota, amar tu tierra y saber que lo de Malvinas no fue en vano"... "malvinizar es educar a la gente, hablarle, decirles a los chicos que (las Islas) tienen que ser parte de su tierra, seguir luchando por su causa".