Hugo Omar Bartoloni
Entrevista realizada a Hugo Omar Bartolini
El suboficial mayor retirado, Hugo Omar Bartoloni, dice que, en cada charla que da junto a sus compañeros veteranos, registra hasta el mínimo detalles de sus relatos para, cuando ellos no pueden asistir, reproducirlos sin equivocaciones. También contó que, en 2015, cuando regresó a las Islas junto a un grupo de veteranos, escucharlos y verlos revivir lo que pasaron quienes estuvieron en el campo le hizo sentir, de alguna manera, que él no había vivido la guerra igual que ellos. Pero él tiene su propia historia como mecánico en vuelos, asistiendo en las misiones en las que pudo haber sido derribado por un misil enemigo y, aunque le cueste admitirlo, Hugo también es un héroe que estuvo ahí; que tiene su propia historia y que peleó por Malvinas.
El suboficial mayor retirado ingresó al Ejército en 1971 y egresó como mecánico de avión en 1973, tras lo cual fue destinado a la V Brigada Aérea de Villa Reynolds. Tres años más tarde fue trasladado a la IX Brigada Aérea de la Fuerza Aérea Argentina en Comodoro Rivadavia, y con 24 años comenzó a hacer vuelos de línea regulares a las Islas. "Hacíamos traslado de pasajeros. Para mí eran nuestras Islas Malvinas, nunca nos identificamos como que eran de ellos. Nosotros los abastecíamos, yo ya conocía cómo eran. Y me sorprendió muchísimo esa operación (la Operación 'Rosario'), no teníamos ni idea de lo que iba a pasar ese abril de 1982", contó.
Hugo estaba entrenado y tenía experiencia en pilotear aviones 'Twin Otter' y 'F-27', por lo que sus órdenes fue ponerse a disposición de lo que pudiera ordenarles el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur. "Era para lo que yo me había preparado, para volar. Era un avión de transporte", que configuraban en cada salida: o bien para oficiar de avión sanitario, o para el abastecimiento de tropas o transporte de paracaidistas.
Sobre las misiones que le encomendaron, explica: "Los 'F-27' que habían llegado de Holanda en el 80, tenían una radarización avanzada. Entonces, en coordinación con el 'Air Jet', que era el avión verificador de la Fuerza Aérea, que volaba a 10 mil u 11 mil metros, detectaba la flota. Cuando ellos veían algún movimiento o algo, nosotros teníamos que acercarnos con los radares nuestros para confirmarle al Teatro de Operaciones de que había movimientos y dónde, en qué lugar, dar la posición, y allí ellos planificaban los ataques de los de los aviones de combate", recuerda el veterano.
La segunda misión fue el 30 de mayo, "fue otra operación a las diez de la mañana, que fue una de las que nosotros hacíamos búsqueda y rescate, si es que algún piloto se eyectaba fuera del área o había que ir a buscar, como no teníamos defensa antiaérea porque éramos un avión de pasajeros, que en dos o tres oportunidades lo configurábamos de sanitario y en otra lo configurábamos para el lanzamiento de carga y el paracaidismo, eso es lo que hicimos ese día", señala.
En lo que duró el conflicto tuvo varias misiones, pero al terminar cada una podía volver a su hogar en la base junto a su familia "con todas las comodidades", menciona. "Lamentablemente no tuve la oportunidad de entrar en combate, y digo lamentablemente porque después de haber visitado las Islas en el año 2015 gracias al Gobierno de San Luis y ver a la gente que estuvo allá, en los lugares donde estaban apostados, ver el sentimiento que afloraba, yo quería sentir lo mismo que sentían ellos".
Bartolini remarca de manera constante la diferencia entre la guerra que él vivió y la que atravesaron quienes combatieron en las Islas Malvinas. "Yo no lo viví como ellos, ellos lo vivieron distinto. Porque yo llegaba a mi unidad después de la operación de vuelo, de lo teníamos que hacer y yo estaba en mi casa. Yo tenía todas las comodidades, hasta que no tuviera otra misión. Como tripulante tenía todas las comodidades, y yo siempre pensaba en la gente que estaba en las Islas, sufriendo los bombardeos, el frío y todas esas cosas que uno se iba enterando, y después, recibiendo heridos en la terminal donde habían armado un hospital de campaña, donde estaban las enfermeras, que algunas fueron reconocidas después como veteranas de guerra".
Lo más doloroso fue enterarse y ver cómo regresaban algunos y otros no. "Fue lo más chocante para mí, ver cómo venían y algunos compañeros míos que en el primer ataque del 1° de mayo, cuando derribaron el 'Pucará' en la pista, había dos compañeros míos y quedó uno solo vivo", se lamenta.
Tras la guerra Bartoloni continuó con su carrera militar hasta el retiro. Hoy vive en Villa Mercedes con parte de su familia y es miembro activo del centro de excombatientes de esa ciudad y su misión es la de transmitir la historia. "Las Islas siguen siendo argentinas y nos queda a los que estamos vivos, porque cada vez nos queda menos tiempo, malvinizar con nuestros hijos, nuestros nietos, con los alumnos de las escuelas que visitamos para que sigan malvinizando y algún día puedan decir que, por la vía diplomática, hemos recuperado una tierra que es nuestra. Casualmente el legado no es personal: tiene que ser para toda la sociedad y, sobre todo, para los jóvenes".
A mediados de abril, su hija, que vive en Estados Unidos, cumplirá años. Su esposa viajó a fines de marzo para verla y festejar con ella, y él también lo hará después de cumplir con su nueva misión de vida: "El 2 de abril es el Día de los Veteranos de Guerra y tengo que estar en el lugar que hoy estoy ocupando: enseñando y contando a los chicos lo que pasó para que no vuelva a pasar y que recuperamos lo nuestro diplomáticamente".