José Antonio

José Antonio Altamirano

Entrevista realizada a José Antonio Altamirano

José Antonio Altamirano nació en Banfield, en la zona sur del conurbano bonaerense, pero hace años que eligió a Cortaderas para vivir y respirar el aire serrano y la paz que transmiten las Sierras de los Comechingones. En 1981 le tocó el servicio militar obligatorio que había en aquella época y pasó tres meses de instrucción en Campo Sarmiento. Después conoció su destino, aunque a medias, porque todavía la Guerra de Malvinas era un hecho lejano. "Mi destino fue el portaaviones ARA '25 de Mayo', ahí cumplía funciones de furriel", recuerda este hombre de pocas palabras, con frases cortas y bien pensadas, como si por su cabeza volvieran a pasar las imágenes de aquellos años juveniles, que quizá quiera olvidar como suele ocurrir con muchos veteranos. "Mi posición de combate era la de ser el proveedor de una batería antiaérea, proveedor derecho", detalla con precisión, remarcando que no le tocó pisar el suelo malvinense porque estuvo siempre embarcado durante el conflicto. "Para mí lo más complicado fueron los preparativos para la guerra, porque vos tenías que estar preparado, tenías que saber dónde estaba tu puesto, en caso de que te peguen en el barco cuál era tu balsa, eso es lo que me tenía preocupado", recuerda sobre aquellos primeros días en los que todo recluta novato tiene que incorporar muchos conceptos en situaciones de apremio, sin tiempo para pensar demasiado. "Para mí era un honor ser parte de la historia de la Argentina porque recuperar Malvinas no era algo que pase por alto, porque después de tantos años usurpada por los ingleses que nosotros seamos partícipes de ese momento, la verdad que te llenaba de orgullo", reconoce con el pecho inflado, en uno de los pocos momentos de la entrevista en los que se lo ve esbozar una tímida sonrisa. Como pasó con muchos veteranos de guerra, lo más difícil fue el período posterior al desarme y la rendición, cuando tuvo que volver a su vida anterior con las marcas del conflicto en la piel y la mente y la dura realidad de reinsertarse en una sociedad que no les dio demasiado espacio para la recuperación. "Después de la guerra fue bastante duro porque no pude conseguir trabajo, tardé mucho en conseguir uno, me la rebuscaba como podía. Para ese entonces yo ya me había juntado, era papá y todo era cuesta arriba", describe con un dejo de resignación. "En lo social fue muy duro, porque nosotros éramos los loquitos de la guerra. Cuando te pedían antecedentes te decían, 'bueno, cualquier cosa te llamamos'. Y así pasó mucho tiempo", agrega Altamirano sobre aquellos años donde no tuvieron ningún reconocimiento ni ayuda en la vuelta a la vida civil. Sus pensamientos siempre quedaron en los que no pudieron volver, algo recurrente en los sobrevivientes del conflicto. "Antes que nada les estoy totalmente agradecido por haber brindado su vida y haber derramado su sangre en Malvinas, la verdad que son de un valor impresionante. Muchas veces, cuando te dicen a vos que sos un héroe, yo digo que no soy un héroe. Héroes son los que quedaron, héroes son los que derramaron la sangre, héroes son los que están allá custodiando las Islas", asegura con firmeza y convicción. Considera una "suerte" haber tenido la posibilidad de volver a Malvinas durante la primera gestión del gobernador Claudio Poggi, cuando la Provincia promovió tres viajes de veteranos. Más para un marino como él, que no había tenido la posibilidad de pisar el territorio. "Ahí sí estuve en tierra, lo que más me agradó es haber ido a las tumbas de esos soldados, fue muy emotivo, muy lindo poder estar ahí y rezarles. La verdad que eso me conmovió mucho", dice. "La verdad que fue muy emotivo porque iba a cumplir un sueño, como es el de estar en las Malvinas. La imagen fue totalmente distinta a lo que yo creía, porque como yo no había desembarcado no sabía con qué me iba a encontrar. Y me encontré con algo lindo, no imaginaba cómo era. Ojalá algún día las podamos recuperar, porque son bien nuestras", agrega. Para José, el único legado que le gustaría dejar es no quedar en el olvido, que las nuevas generaciones conozcan el sacrificio de quienes los antecedieron. "Que no nos olviden, que tengamos nuestra propia historia, que sepan quién era cada uno, que sepan que a pesar de tener 17 años o 18 se tuvo mucho valor para defender Malvinas", pide sin levantar el tono de voz, pero con convicción. "Recién nos sacaban de jugar a la pelota y ya fuimos a enfrentar a una potencia mundial sin tener experiencia, eso también fue bastante triste, ¿no?", se pregunta buscando la complicidad del interlocutor. Sobre el significado del 2 de abril, la fecha del desembarco, dice que representa "un día muy lindo, porque a nivel país se recuerda a todos los caídos en Malvinas. Me pone contento a su vez porque sé que ellos desde algún lugarcito del cielo también nos darán las gracias".