Israel Alcaraz
Entrevista realizada a Israel Alcaraz
A sus 18 años Israel Alcaraz ya trabajaba en un comercio y cuenta que los tiempos eran otros y a su edad pensaba distinto a los jóvenes de ahora. Pero con ello realmente no quiso decir que se sentía adulto, y conforme fue relatando su historia en la cual revela que haber participado en la guerra del Atlántico Sur le imprimió a la fuerza una madurez repentina y hasta cruel: "En Malvinas perdí mi sonrisa. Perdí mi juventud. De a poco la fui recuperando, pero nunca la voy a recuperar del todo porque en las Islas hay otra bandera, no la nuestra. Quizás me vaya de esta vida terrenal y no voy a ver a mi Bandera flamear allí. Por eso les digo a los chicos de hoy que luchen".
Alcaraz es nacido y criado en San Luis, y tras concluir sus estudios entró a trabajar en un comercio de la capital. "Éramos jóvenes pero teníamos otro tipo de pensamiento, buscábamos otras cosas", recuerda. Como muchos otros en su época, salió sorteado para el servicio militar obligatorio y en 1981 comenzó su formación en la Compañía de Ingenieros Anfibios en el predio del CIFIM (Centro de Instrucción y Formación de Infantería de Marina), en Buenos Aires.
Allí pasó tres meses hasta que fue destinado a la Base Naval Puerto Belgrano y luego derivado a la Base Naval Ushuaia. "Era una compañía que se había formado hacía pocos años y que se dedicaba a hacer campos minados y trampas explosivas".
El 2 de abril de 1982, en lugar de despertar con el toque de Diana como era habitual, en la base sonó la Marcha de Malvinas, algo inusual y primer indicio de lo que estaba por venir. "En la Plaza de Armas nos informaron que las Malvinas habían sido recuperadas", contó, y si bien sus actividades fueron las de siempre, dos días más tarde les comunicaron que debían viajar a las Islas: "Nos dijeron que teóricamente íbamos a hacer los campos minados y regresábamos pero no fue así y nos tocó estar hasta el final. Nuestra compañía arribó en dos tandas, yo el 7 de abril, y pudimos regresar con parte de los compañeros el 17 de junio".
Con cierto alivio, recuerda que su función no era estar en primera línea y que nunca combatió cuerpo a cuerpo, pero como todos, sufrió la adrenalina e incertidumbre durante los incesantes bombardeos enemigos. "Realmente nos dimos cuenta que estábamos en guerra a partir del 1° de mayo, cuando empezaron los bombardeos, porque ahí empezamos a sentir realmente lo que es estar dentro, el silbido de los proyectiles por sobre tu cabeza. Las explosiones".
Los últimos días antes del acuerdo del cese al fuego, Alcaraz y sus compañeros casi no dormían, estaban mal alimentados y bajo las amenazas constantes del enemigo, que en su opinión, tenían una visión diferente a como ellos mismos se veían. "Para los ingleses éramos un batallón de élite, y no sé si era así. Teníamos esa sangre, esa fuerza de decir vamos a combatir por lo nuestro. Eso te ayudaba y entonces ibas adelante. Y ellos dicen que combatieron contra un batallón de élite. La mayoría éramos pibes de 18 o 19 años, pero con los pies bien puestos sobre la tierra: sabíamos lo que queríamos y qué es lo que teníamos que hacer".
Al margen de ese fervor "fue complicado volver a la normalidad porque ahí nos dimos cuenta realmente lo que habíamos vivido, y al relajarnos nos dimos cuenta que habíamos perdido mucho peso, estábamos flacos, medio desnutridos y no lo notamos mientras estuvimos en el conflicto. Volver a insertarme en la sociedad me costó, pero con la ayuda de mi familia y de mis compañeros de trabajo, porque volví a trabajar, pude. Y en aquel momento éramos mal vistos, éramos los locos de la guerra. Eso duele, duele mucho, más en muchachos jóvenes".
Hoy Alcaraz está abocado a la tarea de malvinizar "por la sangre que derramaron esos 632 soldados que quedaron en las Islas". Su mensaje a los jóvenes que visita en las escuelas es que luchen para recuperar Malvinas y "que nuestra Bandera vuelva a flamear en el mástil. No a través de una guerra si no que a través de diplomacia, a través de la palabra, del diálogo, del consenso y de que ese pequeño territorio nuestro se vuelva a sentir, que vuelva a estar dentro, unido a nuestra Patria".
"El legado que tratamos de dejar es una pequeña llamita para la juventud de hoy. Es contarles lo que vivimos pero a su vez decirles que ellos también tienen que luchar pero sin buscar una guerra. Ese sería el mejor legado y es algo que a nosotros nos llenaría el corazón. Nos llenaría el alma", cerró el veterano.